Rafael Diez Arroyal. Un héroe desconocido

Texto aportado por nuestra hermana Teresa, despues de años de investigación. Lo envió en su día a un periódico de Almeria.

De mi larga lista de “abuelos” hay dos que siempre han destacado, por lo menos para mí: Don Pedro de Castro 15.. – 1591) y don Rafael Díez Arroyal, 1802-1855.

Hoy quiero hablar de este último.

Rafael Díez Arroyal, médico militar. Hijo de médico, padre de médico y abuelo de médico. Y todos llamándose igual: Rafael Díez. Algo monótono.

Se pueden preguntar el por qué escribir sobre él. No creo que haga mucha falta explicarlo. A lo largo de su historia, los que lean este artículo, comprenderán lo que me ha llevado a sacar del olvido a una persona insigne de Almería e intentar que se le reconozca el acto heroico en el que perdió la vida.

Rafael Díez Arroyal nació en Almería el 11 de Enero de 1802. Fueron sus padres: Rafael Díez Román (1772) y Josefa Arroyal (1773), que se habían casado en la Iglesia Catedral de Almería el 5 de mayo de 1799. Rafael Díez Román, era médico habiendo estudiado la carrera en la Facultad de Granada.

 

El Rafael que nos ocupa, era un hombre alto, de pelo castaño y ojos azules. Por lo que he leído en una serie de documentos, debió de ser un hombre guapo y apuesto.

Era de una familia que debía de ser adinerada ya que pudo estudiar una carrera cosa, que en aquellos tiempos, no estaba al alcance de todos. Y, sobre todo, los que no vivían en una ciudad universitaria, como era, por aquellos años, Almería.

Tanto él como su familia, eran cristianos viejos. Y el padre presentó el correspondiente certificado de que “estaban limpios de toda mala raza, ni corría por sus venas ni sangre de mulatos,  ni judía, ni de ninguna otra secta”. Y que no habían tenido “oficios viles…” y que no “habían sido castigados por el Santo Tribual de la Inquisición”.

 

Como su padre y creo que como su abuelo, se decantó por la carrera de medicina. Pero lo que aún no he podido saber es el por qué se fue a Valencia a estudiar dicha carrera.

Estando allí se vio implicado en la defensa de la ciudad. En el certificado que tuvo que presentar su padre, hizo hincapié de que no había pertenecido ni colaborado a la llamada “Milicia Nacional Voluntaria” ni a ninguna sociedad clandestina prohibida por las Leyes.

 

Fue condecorado por el Rey Fernando VII con la Medalla al Valor en 1823. (Adjunto fotografía de dicha medalla).

 

Estando en Valencia, fue hecho prisionero por los argelinos y estuvo preso durante un año. Cuando fue rescatado, volvió a Valencia y terminó su carrera de medicina.

 

Fue declarado Benemérito de la Patria, en Grado Heroico, además de que también prestó sus servicios durante una epidemia de cólera morbo en esta provincia en 1834.

 

Prestó, igualmente, servicios en el Regimiento provincial de Jaén durante su permanencia en la ciudad, como médico, ya que dicho destacamento carecía de ello.

 

Trasladado a Almería, estuvo prestando servicios médicos en el Hospital Provincial, sin emolumento alguno. Trabajaba por amor al prójimo, sin importarle las horas en las que tuvo que prestar sus servicios. Trabajó día y noche con esmerado celo y heroica abnegación, sin descanso alguno, cuando la asistencia de los enfermos así lo requería, tanto en el hospital militar como con la población civil. Especialmente dedicó sus esfuerzos a los pobres, a los que atendió con manifiesto cariño y abnegación.

 

Durante mucho tiempo ejerció las funciones de Forense, del que carecía el Hospital.

Hay un Oficio de Don Domingo Tomás Ochotoena, Brigadier y Gobernador Militar y Comandante de la Plaza de Almería, haciendo una loa a la profesionalidad y dedicación del Doctor en medicina y cirugía Don Rafael Díez Arroyal.

 

Hizo el Doctorado en Medicina y Cirugía en el Real Colegio de San Carlos de Madrid (Hospital de San Carlos, hoy Museo Reina Sofía).

 

Fue Vocal y después Secretario de la Junta de Beneficencia del Hospital Provincial de Santa Maria Magdalena.

 

Publico varios trabajos de suma importancia, uno de ellos custodiado por el Archivo Nacional de Madrid.

“EL HIDROCELE” publicado     en el Real Colegio de San Carlos de Medicina y Cirugía.

Y el otro, que está en los Archivos de la Universidad Complutense de Madrid, publicado el mismo año: “LAS AGUAS EN LOS BAÑOS DE SIERRA ALHAMILLA”. Ambos trabajos se publicaron en 1844.

En 1849 fue destinado a Barcelona. No sé demasiado sobre este destino. Lo he encontrado en el expediente académico de su hijo, de su hijo, mi bisabuelo, Rafael Díez Cano.

 

VIDA PERSONAL.

 

Como cualquier persona, tuvo su vida privada. Sé que se casó dos veces, aunque del primer matrimonio sólo tengo la referencia que hace su suegro en la petición de mayor pensión. Es algo que tengo pendiente de investigar en Almería.

Después se casó con mi tatarabuela: Mª Manuela Cano Alonso. Tanto ella como sus padres eran oriundos de Huercal-Overa. El padre, Don Alfonso Manuel Cano fue un abogado de mucho renombre y prestigio en Almería.

En 1849 vivían en la Rambla de Gorman (creo que en la actualidad es la calle de la Reina)

Tuvieron 7 hijos: Doña Mª Josefa, doña Carolina, doña Ángela, don Rafael (mi bisabuelo), doña Manuela, don Alfonso y doña Mª Dolores.

 

Me da mucha pena y mucha rabia, leer las solicitudes que escribió mi abuelo, incluso a la Reina Isabel II, solicitando una subida de categoría (¡sin sueldo!), haciendo ver a su Majestad que no cobraba nada por su labor benemérita y que trabajaba muchísimo.

 

En el año 1855 se declara en Almería una tremenda epidemia de cólera morbo; que no es la primera en la que nuestro héroe colabora.

 

Debía de ser uno de los pocos médicos militares que había en ese momento. Por documentos que tengo, debió de trabajar sin descanso, hasta que pasó lo inevitable.

 

Se contagió y murió a las pocas horas, llevándose con él, por contagio, a su mujer, doña Mª Manuela Cano, a un hijo de ambos, don Alfonso Díez Cano y a su suegra doña Josefa Alonso.

 

Dejó seis hijos, algunos muy pequeños, como doña Dolores, que debía de tener cinco o seis años, y a mi bisabuelo don Rafael Díez Cano, que tenía doce años.

 

Tengo un documento, en los que el abuelo de todos ellos, don Alfonso Manuel Cano solicita como Tutor Curador Testamentario de los huérfanos de don Rafael Díez Arroyal, una mayor pensión. Lo que me hace pensar que la pensión debía de ser penosa.

 

Después de una vida dedicado a socorrer y cuidar de infinidad de enfermos, tanto militares como civiles de cualquier condición, este hombre, después de muerto, pasó a un completo olvido.

 

Y queriendo reivindicar su memoria y su nombre, es por lo que he escrito esta pequeña reseña. Para que los ciudadanos de Almería sepan quién fue

 

DON RAFAEL DÍEZ ARROYAL.

 

2 opiniones en “Rafael Diez Arroyal. Un héroe desconocido”

  1. Un héroe anónimo y olvidado en esta nuestra España.
    Menos mal que hay alguien que se preocupa de mantener su espíritu y su nombre aun vivos

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