De cómo los Estévez llegaron a Arenas de San Pedro.

Pensamiento:

Recuerda: en algún momento puedes tener rabia, pero eso no te da derecho a ser cruel ni vengativo.

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Verano de 1958. En Madrid hace un calor sofocante. Mamá estaba embarazadísima de Mar que nacería el 18 de septiembre. Es de suponer que estaría para pocas bromas pero eso los pequeños no lo sabíamos. Y mucho menos Cheli con seis años y su espíritu aventurero que ya le había salido a flote. No recuerdo que fue lo primero, si cuando metió las narices en la cocina del restaurante Castilla y salió con un cuchillo de carnicero clavado en la pierna, o cuando metió el dedo en la puerta de la Residencia y lo llevó colgando a la farmacia. Estas cosillas sin importancia unidas al calor sofocante y al bombo de mamá, debieron despertar en nuestros padres el deseo de educarnos como a unas señoritas. Así que empezaron a buscar un internado, que dicho sea de paso, era lo normal en aquella época. Y estando en estas, apareció por la farmacia un franciscano gran amigo de la familia, el Padre Rancaño, que tenía una hermana monja de superiora en un colegio en Arenas de San Pedro. Y así empezó la toma de Arenas por los Estévez. El 5 de octubre de 1958, domingo, desembarcaban las primeras Estévez en Arenas de San Pedro.

Los preparativos duraron todo el verano. Cuatro ajuares completos (sabanas, mantas, colchas, colchones, batas y camisones etc.) no se improvisan así como así. Los clientes de la farmacia nos llevaron tal cantidad de caramelos que  llenamos una maleta. Gracias a Sor Sagrario tuvimos caramelos para todo el curso. Nos daba dos a cada una los domingos, antes del paseo. Lo haría por las lombrices….

La expedición corrió a cargo de Celestino Miravé, que nos tenía mucho cariño y además un buen coche.

Durante todo el viaje, que se nos hizo eterno, iban mis hermanas preguntando ¿Cuándo llegamos? Y yo, señalando las montañas que ya se veían, les decía

  • Cuando crucemos esas montañas está China y después ya llegamos a Arenas.

Y llegamos. Lourdes lo primero que vio fue un surtidor de gasolina que estaba enfrente del colegio, delante de Casa Pierre, al cargo de un lugareño vestido de arriba abajo todito de pana marrón. Esto le impactó y en ese momento se preguntó ¿pero a  dónde nos han traído?

Supongo que papá vería el colegio y luego se dio una vuelta por los alrededores. Creyó estar en su tierra. Los mismos helechos, los mismos arboles, la misma paz. Amor a primera vista. Sus hijas quedaban en el mejor sitio que él pudiera soñar.

Y a partir de ahí todo fue rodado. Empezaron por alquilar una casa todo el verano para terminar haciéndolo para todo el año. Por eso, nosotras cuatro pisábamos Madrid solo en Navidad. Y Arenas ya era la segunda patria de los Estévez.

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