Rafael Diez Arroyal. Un héroe desconocido

Texto aportado por nuestra hermana Teresa, despues de años de investigación. Lo envió en su día a un periódico de Almeria.

De mi larga lista de “abuelos” hay dos que siempre han destacado, por lo menos para mí: Don Pedro de Castro 15.. – 1591) y don Rafael Díez Arroyal, 1802-1855.

Hoy quiero hablar de este último.

Rafael Díez Arroyal, médico militar. Hijo de médico, padre de médico y abuelo de médico. Y todos llamándose igual: Rafael Díez. Algo monótono.

Se pueden preguntar el por qué escribir sobre él. No creo que haga mucha falta explicarlo. A lo largo de su historia, los que lean este artículo, comprenderán lo que me ha llevado a sacar del olvido a una persona insigne de Almería e intentar que se le reconozca el acto heroico en el que perdió la vida.

Rafael Díez Arroyal nació en Almería el 11 de Enero de 1802. Fueron sus padres: Rafael Díez Román (1772) y Josefa Arroyal (1773), que se habían casado en la Iglesia Catedral de Almería el 5 de mayo de 1799. Rafael Díez Román, era médico habiendo estudiado la carrera en la Facultad de Granada.

 

El Rafael que nos ocupa, era un hombre alto, de pelo castaño y ojos azules. Por lo que he leído en una serie de documentos, debió de ser un hombre guapo y apuesto.

Era de una familia que debía de ser adinerada ya que pudo estudiar una carrera cosa, que en aquellos tiempos, no estaba al alcance de todos. Y, sobre todo, los que no vivían en una ciudad universitaria, como era, por aquellos años, Almería.

Tanto él como su familia, eran cristianos viejos. Y el padre presentó el correspondiente certificado de que “estaban limpios de toda mala raza, ni corría por sus venas ni sangre de mulatos,  ni judía, ni de ninguna otra secta”. Y que no habían tenido “oficios viles…” y que no “habían sido castigados por el Santo Tribual de la Inquisición”.

 

Como su padre y creo que como su abuelo, se decantó por la carrera de medicina. Pero lo que aún no he podido saber es el por qué se fue a Valencia a estudiar dicha carrera.

Estando allí se vio implicado en la defensa de la ciudad. En el certificado que tuvo que presentar su padre, hizo hincapié de que no había pertenecido ni colaborado a la llamada “Milicia Nacional Voluntaria” ni a ninguna sociedad clandestina prohibida por las Leyes.

 

Fue condecorado por el Rey Fernando VII con la Medalla al Valor en 1823. (Adjunto fotografía de dicha medalla).

 

Estando en Valencia, fue hecho prisionero por los argelinos y estuvo preso durante un año. Cuando fue rescatado, volvió a Valencia y terminó su carrera de medicina.

 

Fue declarado Benemérito de la Patria, en Grado Heroico, además de que también prestó sus servicios durante una epidemia de cólera morbo en esta provincia en 1834.

 

Prestó, igualmente, servicios en el Regimiento provincial de Jaén durante su permanencia en la ciudad, como médico, ya que dicho destacamento carecía de ello.

 

Trasladado a Almería, estuvo prestando servicios médicos en el Hospital Provincial, sin emolumento alguno. Trabajaba por amor al prójimo, sin importarle las horas en las que tuvo que prestar sus servicios. Trabajó día y noche con esmerado celo y heroica abnegación, sin descanso alguno, cuando la asistencia de los enfermos así lo requería, tanto en el hospital militar como con la población civil. Especialmente dedicó sus esfuerzos a los pobres, a los que atendió con manifiesto cariño y abnegación.

 

Durante mucho tiempo ejerció las funciones de Forense, del que carecía el Hospital.

Hay un Oficio de Don Domingo Tomás Ochotoena, Brigadier y Gobernador Militar y Comandante de la Plaza de Almería, haciendo una loa a la profesionalidad y dedicación del Doctor en medicina y cirugía Don Rafael Díez Arroyal.

 

Hizo el Doctorado en Medicina y Cirugía en el Real Colegio de San Carlos de Madrid (Hospital de San Carlos, hoy Museo Reina Sofía).

 

Fue Vocal y después Secretario de la Junta de Beneficencia del Hospital Provincial de Santa Maria Magdalena.

 

Publico varios trabajos de suma importancia, uno de ellos custodiado por el Archivo Nacional de Madrid.

“EL HIDROCELE” publicado     en el Real Colegio de San Carlos de Medicina y Cirugía.

Y el otro, que está en los Archivos de la Universidad Complutense de Madrid, publicado el mismo año: “LAS AGUAS EN LOS BAÑOS DE SIERRA ALHAMILLA”. Ambos trabajos se publicaron en 1844.

En 1849 fue destinado a Barcelona. No sé demasiado sobre este destino. Lo he encontrado en el expediente académico de su hijo, de su hijo, mi bisabuelo, Rafael Díez Cano.

 

VIDA PERSONAL.

 

Como cualquier persona, tuvo su vida privada. Sé que se casó dos veces, aunque del primer matrimonio sólo tengo la referencia que hace su suegro en la petición de mayor pensión. Es algo que tengo pendiente de investigar en Almería.

Después se casó con mi tatarabuela: Mª Manuela Cano Alonso. Tanto ella como sus padres eran oriundos de Huercal-Overa. El padre, Don Alfonso Manuel Cano fue un abogado de mucho renombre y prestigio en Almería.

En 1849 vivían en la Rambla de Gorman (creo que en la actualidad es la calle de la Reina)

Tuvieron 7 hijos: Doña Mª Josefa, doña Carolina, doña Ángela, don Rafael (mi bisabuelo), doña Manuela, don Alfonso y doña Mª Dolores.

 

Me da mucha pena y mucha rabia, leer las solicitudes que escribió mi abuelo, incluso a la Reina Isabel II, solicitando una subida de categoría (¡sin sueldo!), haciendo ver a su Majestad que no cobraba nada por su labor benemérita y que trabajaba muchísimo.

 

En el año 1855 se declara en Almería una tremenda epidemia de cólera morbo; que no es la primera en la que nuestro héroe colabora.

 

Debía de ser uno de los pocos médicos militares que había en ese momento. Por documentos que tengo, debió de trabajar sin descanso, hasta que pasó lo inevitable.

 

Se contagió y murió a las pocas horas, llevándose con él, por contagio, a su mujer, doña Mª Manuela Cano, a un hijo de ambos, don Alfonso Díez Cano y a su suegra doña Josefa Alonso.

 

Dejó seis hijos, algunos muy pequeños, como doña Dolores, que debía de tener cinco o seis años, y a mi bisabuelo don Rafael Díez Cano, que tenía doce años.

 

Tengo un documento, en los que el abuelo de todos ellos, don Alfonso Manuel Cano solicita como Tutor Curador Testamentario de los huérfanos de don Rafael Díez Arroyal, una mayor pensión. Lo que me hace pensar que la pensión debía de ser penosa.

 

Después de una vida dedicado a socorrer y cuidar de infinidad de enfermos, tanto militares como civiles de cualquier condición, este hombre, después de muerto, pasó a un completo olvido.

 

Y queriendo reivindicar su memoria y su nombre, es por lo que he escrito esta pequeña reseña. Para que los ciudadanos de Almería sepan quién fue

 

DON RAFAEL DÍEZ ARROYAL.

 

Encuentro de la familia Estévez en Pontecaldelas 02-08-05

El 2 de agosto del 2005 tuvo lugar un encuentro de la familia Estévez en Pontecaldelas.  Asistimos  miembros de todas las edades y muchos vinieron de muy lejos. Creo merece la pena dejar aquí constancia de esa reunión tan entrañable, pues aunque faltaron muchos fuimos capaces de reunirnos 119 descendientes de papá José y mamá Clotilde, los iniciadores del clan.

Engracia y Cloti (tio Pepito) fueron las artífices de la reunión y nos entregaron un librito precioso con una breve historia de la familia y la relación de todos los asistentes.

Estas son las tapas del libro. El interior os lo copio a continuación:

Puente Caldelas, 2 d agosto de 2005

Queridos primos:

Nos produce una enorme alegría que hayamos sido capaces de renirnos en un porcentaje bastante elevado del total que formamos la gran familia descendiente de papá José y mamá Clotilde.

Tenemos los antecedentes de 1993 y 1994, fechas que todos recordaremos poque también celebramos unas reuniones numerosas. De los asistentes de entonces faltan bastantes por imperativo de la vida y de los años. Su recuerdo, sin embargo, está muy presente en muchos de nuestros corazones. Y como compensación, bastantes de los que asisten hoy no lo hicieron entonces, algunos porque no pudieron y otros porque, también por imperativo de la vida, no habían nacido en aquellas fechas.

Vamos a hacer una especie de resumen-recuento de los componentes familiares que viven en la actualidad, por orden cronológico de estirpes y sumando también los conyuges.

Rama Estévez Márquez (Pepito-Elvira). Suman 20 y asisten 12.

Rama Vidal Estévez (Lulila-Atilano). Suman 18 y asisten 6.

Rama Estévez Parada (Gregorio-Carmiña). Suman 70 y asisten 34.

Rama Estévez Rodriguez (Rafael-Esperanza). Suman 11 y asisten 2.

Rama Lois Estévez (Nenuxa-Manolo). Suman 56 y asisten 21.

Rama Estévez Rodriguez (Marcial-Carmiña). Suman 12 y asisten 12.

Rama Estévez Díez (Antonio-Araceli). Suman 54 y asisten 28.

Rama Casas Estévez (Carmela-José). Suman 11 y asisten 4.

Si no hemos cometido error en la suma y suponiendo que tengamos bientodos los datos, el total de descendientes de nuestros abuelos, bisabuelos o tatarabuelos, respectivamente, suma 252 vivos. ¡No está mal como contribución al aumento demográfico español! Y toda esta cosecha ha tenido lugar a lo largo de los ciento dieciocho años desde que don José y doña Clotilde contrajeron matrimonio en esta villa de Puente Caldelas, en 1887.

Doce hijos, 44 nietos, 109 bisnietos y 110 tataranietos. Es el hermosos total de 275. Vivimos todavía 252. Murieron los 12 hijos, ya nombrados, 9 nietos (Elvirita 1ª, Fernando, Tataya, Goro, Manolo, Encarnita, Chano, Rafael y Palmira), 1 bisnieto (Paulo) y 1 tataranieto (Martín).

Breves apuntes para una historia familiar

  1. La familia

Esta historia empieza en el año 1887 cuando aquí, en la villa de Puente Caldelas, el 18 de abril, contrajeron matrimonio don José Estévez Fernández (natural de Pontevedra y destinado aquí como médico) y doña ClotildeFernández Orge. Ël era catorce años mayor que ella y la había conocido siendo casi una niña. La esperó. Al año de la boda, se inició la formación de la familia, con el nacimiento de Pepito; le siguió la primera Elisita, que murió cuando tenía cinco o seis años, y luego fueron llegando Lucila, Gregorio, Rafael, Elisa (a la que todos conocemos como Nenuxa), Marcial, Maruja, Antonio, Fe, Carmela y Teresa (muerta a los ocho días de nacer). Empezaron su vida en la casa de la abuela Gumersinda, que seria siempre “la casa de allá”, situada donde hoy está el Hotel “Las Colonias”.

El 10 de mayo de 1921, cuando contaba 57 años de edad, murió la abuela, mamá Clotilde, tan pronto que sólo llegó a conocer a la mayor de los nietos, Palmira, hija de Nenuxa, que tenia siete meses. A papá José, sin embargo, fuimos  bastantes los que lo conocimos pues, a pesar de la diferencia de edad, sobrevivió a su mujer veinte años: murió el 28 de octubre de 1941 con 91 años. Y todos los que tuvimos esa suerte, lo recordamos con mucho cariño.

Poco a poco, los hijos y las hijas, excepto Maruja y Fe, fundaron sus propias familias. Las mujeres y también Marcial, encontraron a sus parejas asquí mismo. Los demás varones se fueron más lejos y casaron con 2 andaluzas, 1 brasileña y 1 cubana. La familia aumentaba, aumentaba, hasta llegar a un total de cuarenta y cuatro nietos, que a su vez contribuyeron a formar una gran “tribu” de 109 bisnietos y 110 tataranietos, que no se han limitado a vivir en Puente Caldelas, ni siquiera en la provincia, ni siquiera en Galicia: hay miembros que han nacido y viven en Brasil, en Alemani, en los Estados Unidos, etc. etc. ¿Podrían hberlo sospechado aquellos dos contrayentes de 1887?

2. La casa

En 1895 se trasladaron al “Molino”, cuando ya habían nacido los cinco primeros hijos, fue la tía Nenuxa la que “inauguró” los nacimientos en esta nueva casa y a ella siguieron los otros seis. Los que no habéis tenido la suerte de conocerla cuando estaba habitada y cuidada, no podéis imaginar lo que sentimos al comparar el estado en el que ahora se encuentra con aquellas épocas llenas de vida y… de chiquillos. En las escrituras, papeles etc., figura como “Los Molinos”.

Esta nueva casa fue edificada por nuestros abuelos en terrenos pertenecientes a mamá Gumersinda, donde ya funcionaban unos molinos harineros. En la fachada norte figura la fecha: 1895. La capacidad empresarial de mamá Clotilde, con el apoyo de papá José, los llevó a construir una fábrica de electricidad en 1906 (con lo que Puente Caldelas fue uno de los pimeros municipios que contó con luz eléctrica) para lo que tuvieron que hacer, desde la Calzada, la presa (a la que nos caíamos alguna vez la mayoría de los que éramos niños entonces), y unos aserraderos de madera. El resto de la finca se dedicaba al cultivo de maíz, frutales, las verduras de cada época del año, etc.

Los mayores recordamos todavía el sonido de la turbina, que arrullaba nuestros sueños, pues se oía durante la noche, y el olor característico de la madera y su serrín, que nos lleva a evocar el Molino cuando en la actualidad pasamos cerca de algunos aserraderos. La vagoneta en la que transportaban los troncos sirvió muchas veces para nuestros juegos.

La casa se amplió en dos ocasiones: en la primera se construyó la parte de la cocina y se amplió el comedor. Donde originalmene se enconraba la cocina, se hizo el espacioso cuarto de baño que a todos nos ha asombrado por su tamaño. En la segunda modificación, en 1935, se añadió el ala de la izquierda, a la que se llega por una puerta que abrieron en el comedor.

El aspecto externo de la casa no fue siempre el de los azulejos verdes que es el que todos hemos conocido: al principio eran una especie de rombos estucados en las paredes exteriores. Muchos sitios de la casa y de la finca tienen sus nombres propios, por ejemplo, la “acera del Registro”, a donde nos mandaban ir a los niños cuando estábamos dando la lata a los mayores. Se llamaba así por haber servido de entrada al Registro de la Propiedad durante el tiempo que desempeñó ese cargo el tio Atilano, antes de marchar a Cambados. La otra acera es “la del cuarto de costura” o “debajo del balcón” pues, efectivamente, hay un espléndido balcón al que da también la sala.

El camino de las Bouzas estaba cubierto por unas hermosas viñas, sostenidas por pilares de granito. Al llegar a la primera bifurcación después de la recta, se podía tomar el “camino de abajo”, que iba paralelo a la presa. Es un paseo a la sombra de muchos árboles (robles, castaños, etc.) Siguiendo el camino inicial, ya en cuesta, se llegaba a otra bifurcación (por donde se instalaba el “palleiro”). El camino de la izquierda era el de “la mina”, hacia el manantial de un agua riquísimay fresquísima, que además servía de nevera para guardar durante algún tiempo los alimentos que necesitaban estar refrigerados. Al lado de la mina había una mesa de granito donde muchas veces se hicieron meriendas campesres. El de la derecha, más en cuesta, llevaba a las Bouzas. Casi hasta el final de sus días, papá José hacia el recorrido desde la casa y, antes de regresar, pasaba un rato sentado en un banco de granito a la entrada de las Bouzas, donde crecían los maíces.  Nos gusta recordar algunos nombres que se daban a ciertas partes de la finca, como frutales, cotiño, los prados, espaller, las escaleritas…

En el Molino se celebraron las bodas de Palmira con Alvaro D’Ors (el 8 de  septiembre de 1945) y de Nené con Félix Lis (el 2 de septiembre de 1946). Del Molino salieron para celebrar sus respectivas bodas en el Balneario Mª Isabel Casas, primero, y años después Mª Elisa Lois.

Allí nacieron todos los hijos del tio Gregorio (excepto el niño Fernandito, que murió con pocos meses). Manolo y Sila Vidal, José Pablo y Javier María Casas. Y allí murieron mamá Clotilde, papá José y antes que éste un hermano suyo, el tio Antonio.

Al morir tía Maruja en 1987 y, ya definitivamente, la tía Feíta en 1993, se ha ido haciendo cada vez más dificil, hasta llegar a la imposibilidad completa, el mantenerla en su esplendor. La pudimos cuidar hasta que falló el agua y la luz. Desde entonces, hará unos tres años, fue imposible. El jardin todavía da algunas rosas y otras flores, pese a no recibir más riego que la lluvia. La palmera tan característica de la finca la plantó la abuela en 1916. No sólo la parte construída sino la finca toda eran una auténtica maravilla. los frutales empezaron a resentirse tras la muerte de Marcial. La finca fue dejándose de cuidar ya en tiempo de tía Maruja (que sufría y evitaba ir por ella y tener que verla descuidada) pues en aquellos años no había quien se quisiera encargar de explotarla: la emigración a Europa hacía que no se encontraran jornaleros, por una parte, y por otra no se habían desarrollado todavía lo suficiente esas m áquinas que ahora limpian en menos que canta un gallo.


Se podrían decir muchas más cosas tanto de la familia como de la c asa, pero esta tarea queda para algún voluntario que pueda hacerlo mejor. Cosa curiosa, la tía Maruja murió en el año en que se cumplía el centenerio del matrimonio de los abuelos. Ella fue durante toda su vida el alma de la casa y de la finca, y fue a partir de su muerte cuando empezó el declive. ¿Tendrá alguna explicacion este hecho? La casa terminó de construirse, como se indica antes, en 1895. Como hemos visto, no le sentó bien cumplir cien años. Esperemos que el Ayuntamiento logre sus propósitos y contribuya a mantenerladándole utilidad cultural para beneficio del pueblo de Puente Caldelas.


hay muchos detalles sobre la casa y su construcción, incluyendo el precio y pormenores del contrato con los carpinteros, canteros, etc., y también sobre los moradores, en el libro de Mercedes Martínez Plasencia y Teesa Sánchez Rora, titulado Ponte Caldelas. Memoria escrita dun pobo. 1500-1936. Tomo IV: A vila de Ponte Caldelas: Configuración. Desenvolvemento urbanistico. Servizo de Publicacion. Deputación Provincial de Pontevedra. 2004.

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ASISTENTES A LA COMIDA DISTRIBUIDOS POR GENERACIONES

NIETOS de papá José y mamá Clotilde, con sus cónyuges -en su caso-.

Rama Estévez Márquez (Pepito y Elvira)

Cloti Estévez Márquez

Sisa Estévez Márquez

Pepin Estévez Márquez y Pili García Traviesa

Mª del Pilar Estévez Márquez y Refaat Shalaby

Rama Vidal Estévez (Lucila y Atilano)

Sila Vidal Estévez y moncho Chaves

Gracita Vidal Estévez

Rama Estévez Parada (Gregorio y Carmiña)

Pepe Estévez Parada y Marujita Rodriguez Toubes

Mercedes Estévez Parada y Jaime Boullosa

Mª del Carmen Estévez Parada

Teresa Estévez Parada

Conchita Estévez Parada

Rosa Mª Estévez Parada y Angel Gavilán

Mary Paz Estévez Parada y Angel Barreiro

Antonio Mª Estévez Parada y Esther Alvarez

Rama Estévez Rodriguez (Rafael y Esperanza)

Nené Estévez Rodriguez

Fe Estévez Rodriguez

Rama Lois Estévez (Nenuxa y Manolo)

Pilarita Bastida de Lois

Rama Estévez Rodriguez (Marcial y Carmiña)

José Antonio Estévez Rodriguez y Tere Cidoncha

Juan Manuel Estévez Rodriguez y Lala Martínez

Rama Estévez Díez (Antonio y Araceli)

Antonio Estévez Díez y Matilde Muñoz

Pepe Estévez Díez y Choni

Teresa Estévez Díez y Manolo Garcia Betegón

Mª José Estévez Díez y Eugenio Llorente

Cristina Estévez Díez y Pierre Marret

Araceli Estévez Díez y Félix Rouco

Manuel Estévez Díez y Pilar de la Esperanza

Rama Casas Estévez (Carmela y José)

Javier Mª Casas Estévez y Fernanda Martínez

Total: 26 nietos + 19 cónyuges = 45 de la primera generación

BISNIETOS con sus cónyuges, en su caso.

(Nietos de Pepito)

Julie Kraus Estévez

Joseph Locelace Estévez

Marta Somolinos Estévez

José Carlos Estévez García

Jorge Estévez García

(Nietos de Lucila)

Lila Chaves Vidal y Agustín Porras

(Nietos de Gregorio)

Angeles Estévez Rodriguez y Mario Iglesias

José Miguel Estévez Rodriguez y Cheta Losada

Cloti Estévez Rodriguez

Marta Estévez Rodriguez y Juan Manuel Bajo

Ana Estévez Rodriguez y Victor Garay arulo)

Margarita Boullosa Estévez

Rosa Mª (Pech) Gavilán Estévez

Marosa Carballal Estévez

Ton Estévez Alvarez y Silvia Abad

(Nietos de Nenuxa)

Miguel D’Ors Lois

Angel D’Ors Lois y Alicia

Paz D’Ors Lois y Gabriel Perez

Blanca D’Ors Lois

Pia D’Ors Lois

Elisa D’Ors Lois

Judith Lois Puente y Antonio Melero

Raúl Lois Puente y Chus

Alvaro Lois Puente

Mª Elisa Lois Bastida

Fátima Lois Bastida

Javier Lois Bastkida y Lourdes Estévez Martínez (nieta deMarcial)

(Nietos de Marcial)

Marcial Estévez Cidoncha y Rosana

Teresa Estévez Cidoncha y Marcos Muiños

Teesa Estévez Martínez y Pablo Lopez Fernández

Bea Estévez Martínez

Juanin Estévez Martínez

(Nietos de Antonio)

Macarena Estévez Muñoz

Rafa Hervás Estévez y Pilar Lopez Novoa

María Hervás Estévez

Ingrid Marret Estévez

Ignacio Rouco Estévez

Irene Rouco Estévez

Jorge Estévez de la Esperanza

Maria Estévez de la Esperanza

Paloma Estévez de la Esperanza

(Nieto de Carmela)

Fernando Casas Martínez y Melisa

TOTAL 43 bisnietos + 17 cónyuges = 60 de la segunda generación

TATARANIETOS

(Bisnieto de Pepito)

Mario Flores Somolinos

(Bisnieto de Lucila)

Andrés Porras Chaves

(Bisnietos de Gregorio)

Ivan Martínez Estévez

Loreto Abbara Gavilán

Daniel Roselló Boullosa

Jacobo Roselló Boullosa

Miguel Estévez Losada

Xurxo Estévez Losada

Alvaro Malvar Carballal

(Bisnietos de Nenuxa)

Pablo Pérez D’Ors

Alvaro Perez D’Ors

Noemi Rodriguez Lois

(Bisnietos de Antonio)

Endeiba Sangale Hervás

Jua Sangale Hervás

TOTAL 14 tataranietos (de la tercera generación)

Nietos y cónyuges: 45. Bisnietos y cónyuges: 60. Tataranietos: 14

TOTAL 119

 

 

 

La abuela Araceli

A lo mejor os parece una exageración el tamaño de esta fotografía, pero va un abismo de verla más pequeña a disfrutarla así de grande. Es un regalo estudiar cada detalle de este posado. ¿Cuantos años tendría aquí nuestra abuela?  Aventuro a decir veinte y que aún estaba soltera.

Lleva una blusa que es una autentica obra de arte, con encaje de valenciennes  (esto ya es mucho aventurarme, lo se). La falda con bordados y jaretas. Collar de perlas, medalla, broche y ¡cuatro sortijas! Y abanico en mano, que conociendo el clima de Almería, es casi  imprescindible.

Será porque yo no conocí a mi abuela joven que no puedo quitar la vista de esta estampa, que  atrae mi mirada en cada renglón que escribo y que, como era de esperar, me está costando unas lágrimas.

Los hermanos mayores conocieron una abuela y los pequeños conocimos otra, pero siempre  una abuela “genio y figura”. Por ejemplo, nuestro hermano Antonio recuerda haber dormido con la abuela hasta los siete u ocho años. Hizo con su nieto lo mismo que hacemos cualquiera de nosotras con los nuestros. A pesar de la dureza de su carácter, como no hay nada todo blanco o negro, también tenía su parte sensible. Y no quisiera verme en sus circunstancias, 27 años , tres hijos, acostumbrada a vivir ¡por todo lo alto! y por una gripe te quedas viuda con una mano atrás y otra delante…  Con permiso de mamá,  cada vez admiro más a mi abuela Araceli ¿os digo por qué? Porque tenía claro lo que quería y no se le ponía nada ni nadie por delante para conseguirlo. Disfrutó de la vida como solo  ella sabía hacerlo. La vena sibarita estoy segura que nos viene de ella. Conocía las delicatessen de cualquier punto del planeta.  Que se enteraba que ibas de viaje, pues ya te estaba encargando tal cosa del sitio al que ibas, aunque fuese la Conchinchina. Y era capaz de relativizarlo todo. Tenía sus teorias.  ¿Confesarme yo? pero si no robo ni mato…. Esta fue la contestación que recibí cuando de niña le pregunté si no se confesaba nunca. Pregunta que hice por pura curiosidad pues nunca tuve conciencia de que hiciera algo mal. Todo lo contrario.

  • Abuela, he conocido a un chico….  Descuida, no te preguntaba si era guapo, alto, culto. No, no, esto no tenía importancia. Ella solo te preguntaba :
  • ¿Es rumboso? porque si no es así, ni un minuto con él. Lo peor que puede tener un hombre es ser tacaño. Abuela ¡en esto también estoy contigo!

Como los genes tienen estas cosas… estas coincidencias… resulta que yo, fisicamente me veo muy parecida a mi abuela y temperamentalmente…¡ nos hubieramos podido equilibrar! Pero como sé que todo es perfecto, gracias a que ella fué como fué, tuve la madre que tuve para que yo sea lo que soy.

Poco más o menos, tendríamos la misma edad.  Por supuesto, la abuela mucho más guapa.

Sus padres, José (procurador) y Maria, tuvieron cuatro hijos: Maria, Araceli, Ana y José.  José fue alcalde de Gandía donde falleció al empezar la guerra. Le mataron como se hacía entonces, sin ningún juicio, simplemente por sus ideas políticas. Antes de irse a Gandía, siendo muy joven, estuvo trabajando en la farmacia de nuestro padre. Era un hombre inteligente, trabajador y honesto.  Nuestro padre no tenía en cuenta las ideas politicas ni religiosas de las personas, solo valoraba la calidad humana. Por eso tenía amigos en todos  los bandos, porque encuentras buenas personas en la derecha, en la izquierda, en el centro, arriba y abajo.

Nuestra parte andaluza

Los andaluces.

De esta rama familiar tenemos el árbol genealógico que se remonta a 1535. De nuestros tatarabuelos, solo tenemos datos de  Manuel de Castro Heras (1801-1864) casado con Antonia Arráez Soler (1833-1854).

Manuel de Castro fue el 4º Marqués de Campohermoso, título que tenía la familia desde 1739. Cedió el marquesado a su hermano menor,  Trinidad, como regalo de boda, ya que él estaba soltero y sin pensamiento de casarse. Así no se perdería el título.

Si este antepasado no hubiera sido tan generoso, el título de marqués de Campohermoso lo tendría ahora nuestro hermano Antonio ¿os imagináis? Ahora seríamos los hermanos del marqués, los sobrinos, los primos, los hijos, los nietos del marqués. Y ahora comprenderéis todos de donde le viene a Antonio ese “saber vivir”…. estaba destinado a ser marqués, y aunque sin título ¡el vive como tal!

Al poco tiempo de regalar el título,  conoció a una joven, Antonia Arráez Soler (1833-1854), con la que se caso en 1849, muriendo a consecuencia del parto de su primera hija, Teresa. Esta Teresa era nuestra bisabuela, la que siempre conocimos como “la abuela Teresa”.

Teresa nació en Guadix, un día del mes de junio de 1851. Solo disfrutó de su madre tres años. Cuando ésta falleció, su padre la llevó al Colegio para Niñas Nobles, en Madrid, cerca de su abuela Catalina. Así que fue Catalina quien cubrió las necesidades afectivas de Teresa, que se quedó huérfana también de padre cuando tenía catorce años.

Huérfana y con una inmensa fortuna, a la abuela Catalina le empezó a preocupar el futuro de Teresa. Y no tardando mucho, le presentó a un joven médico, Rafael Díez Cano (1844-1918), hijo de unos antiguos amigos, que frecuentaba las  reuniones semanales que hacía en su casa. Se casaron en 1866, cuando Teresa contaba con 15 años y Rafael  22. No fueron padres hasta 1882, año en que nació su único hijo Rafael Diez Castro, nuestro abuelo materno, que también fue médico.

Sin lugar a dudas, venimos de una familia de grandes cocineros. Nuestro bisabuelo, Rafael Diez Cano, fue el director del Hospital Provincial  de Almería, pero su gran afición  era la cocina. Mi abuela Araceli nos contaba anécdotas de su suegro, donde quedaba demostrado su amor por los fogones. Organizaba cacerías en el cortijo con el único fin de poder cocinar para sus amigos.

Una anécdota que gustaba contarnos,  era que llegó el Rey Alfonso XIII a Almería camino de Ceuta. No pudiendo atravesar el estrecho por causa de un temporal, mi bisabuelo organizó una comida en el Hospital, siendo él el cocinero. Hizo  arroz de primavera. Mi madre este plato “lo bordaba”.

 

Estos bisabuelos  vivían en Almería, en la Plaza Bendicho, situada en un lateral de la Catedral.

 

Ahora la  casa está ocupada por una oficina de Turismo.

Aquí vivían cuando Rafael Diez Castro se casó con Araceli Rodríguez Orland (1911).  Y aquí nacieron sus tres hijos, Araceli, a quien todo el mundo llamaba Lilí (15.3.1912), María Teresa, conocida por Maruxa (13.5.1914) y Rafael (1916).

Contaba nuestra madre que su abuelo alguna mañana se la llevaba al hospital y la dejaba al cuidado de las monjas. Fueron estas monjas quienes la enseñaron a leer.

Hospital Provincial de Allmeria, en la actualidad.

Cuando su abuelo falleció, Lilí tenía 4 años y seis cuando murió su padre.

Nuestra abuela, Araceli, viuda con 27 años, tres hijos y una suegra también viuda, pensó, con mucho acierto, que lo mejor era salir de Almería. Y se fue con sus retoños a Barcelona, donde solo estuvo un año. Luego se dirigió a Madrid quedándose para el resto de su vida.

Nada más llegar a Madrid, internó a las niñas en el colegio que aún existe en la calle Martínez Campos. Y allí estuvieron hasta los 17 años. Nuestra madre siempre nos decía que fueron años dichosos, recordaba su época de internado con mucho cariño. Gracias a su carácter abierto siempre fue protagonista de todos los actos importantes del colegio. No ocurriendo así con su hermana Maruxa, que era tímida y apocada.

ARROZ DE PRIMAVERA DEL BISABUELO

Ingredientes para 4 personas

1 tacita de Guisantes

1 tacita de Habas

4 Alcachofas

1 Pimiento verde

2 tomates

2 dientes de ajo

Perejil

300 grs. Arroz

650 ml. Agua

Sal

Aceite

Se preparan las verduras. Las alcachofas bien peladas dejando solo el corazón. Se frotan con limón para que no oscurezcan. Los guisantes y habas, si no hay frescos se pueden utilizar congelados.

En la paella se pone aceite y se doran los dientes de ajo. A continuación se fríe el perejil. Se saca todo al mortero.

En el mismo aceite se fríe el pimiento verde en trocitos.  Se aparta.

Freír los dos tomates pelados y picaditos.  Una vez que está el tomate, se añaden las verduras (las alcachofas troceadas en 4), rehogándolas con el tomate.

Añadir el pimiento y el arroz. Rehogar todo junto.

Se incorpora el agua con lo del mortero (ajo y perejil).

Poner la sal y cocer a fuego lento,  aproximadamente 15 minutos. Cuando se apaga, se deja reposar otros 5, tapado. Se puede añadir limón que le da muy buen sabor.

 

 

 

Recuerdos de mi infancia. Mis padrinos

 

Rosa Iglesias, prima hermana de nuestro padre, y Valentín Parada. Mis padrinos.  Vivian en Mayor, 84, casa desde la que tiraron a los Reyes la bomba el día de su boda. Algunas veces mi padre me llevaba a pasar el día con ellos. Recuerdo su casa con los suelos de corcho brillante. Chimeneas en todas las habitaciones. Encima de una de ellas tenían un retrato mio de cuando aún no sabía andar. Mi madrina me explicaba de quien era el dedo al cual yo me agarraba para mantenerme en pie. Siempre me gustaba oir esta historia. Antes de comer nos ibamos a la Plaza de Oriente y me subía en el carro tirado por un caballo, donde todos los niños ibamos tocando una campana mientras dábamos la vuelta a la plaza. Por la tarde volvía mi padre a recogerme. Si esta visita coincidía con la pascua de semana santa, me regalaba la “mona”, costumbre gallega. Una tarta adornada con figuras de chocolate: casita, conejito, gallina, etc. Y 100 pesetas.  Yo no era consciente pero debía de generar algo de envídia, sobre todo en Lourdes que era la más cercana a mí, porque los demás padrinos no tenían esos detalles. Por supuesto que la tarta la comeríamos entre todos y las 100 pesetas no las volvía a ver.

Un día Lourdes montó una de sus rabietas cuando vió que me iba a casa de mis padrinos y a ella no la llevaban. Como en  el mismo edificio vivian unos amigos de la familia, Americo y Mercedes,  mi padre les llevó a Lourdes. Una y no más….

Aquellas gentes procuraron estar siempre ausentes cuando yo iba a ir con mis padrinos, no fuera a ser que mi padre quisiera dejarles otra vez a Lourdes….

 

 

Recuerdos de mi infancia

Pensamiento.

Las personas que ejercitan la voluntad se convierten en grandes almas; llegarán a la meta. Los débiles estarán llenos de deseos sin cumplir.

 

 

Esta pareja tan elegante son el tío Marcial y su mujer, Carmiña, eran los padrinos de Cristina.  No sé por qué regalaron a su ahijada un dormitorio, cama, mesilla y armario de madera. La cama estuvo en la casa de Arenas hasta que se levantó. Luego perdí su pista.

Cuando vivíamos en la calle Saiz de Baranda, 28, 6º izquierda, soy tan explícita para presumir de memoria, vinieron una noche de visita los tíos Marcial y Carmiña. Nos dieron un beso y poco más porque a los pequeños nos estaban preparando para ir a la cama. En aquel entonces los pequeños éramos Cristina con dos años, Lourdes con cuatro y yo con seis. Esa noche Lourdes y yo estrenábamos camisón.  Eran tan bonitos que quedaron  grabados para siempre en mi recuerdo. Blancos, con un volante de tira bordada y unos grandes lazos. Azul para mi, rosa para Lourdes. Puedo decir que me sentí feliz con aquel camisón tan bonito pero es ahora cuando disfruto analizando todo lo que conllevaba aquel momento. Para que yo me sintiera feliz con aquel camisón primoroso, por supuesto hecho a mano,  tuvo que haber una madre que se ocupara de comprar la batista, los lazos y puntillas, que lo llevara a la modista, que pensara en el diseño y sobre todo que pensara con amor en nosotras. Podíamos haber dormido con cualquier otra prenda y hubiera sido normal en una familia tan numerosa. En ese momento ya éramos ocho. Pero no. En todas las fotografías se aprecia el esmero puesto por nuestra madre en la vestimenta de sus retoños. Recuerdo haber ido a dos tiendas de ropa de niño. Niza, que estaba en la calle de Alcalá. Y Belén, que estaba en Hermosilla. Por supuesto que cuando abrieron Galerías Preciados también nos llevaron de compras. Un comienzo de verano nos llevó mi madre, no sé a cuantos pero Lourdes, Cristina y yo seguro que fuimos. Descubrimos las escaleras mecánicas y nos compraron unos pantalones cortos, marrones, y un niqui amarillo, porque entonces eran niquis. Las camisetas eran otra cosa. Salimos con ello puesto. Y en verano calzábamos playeras, probablemente compradas en Los Patitos, una zapatería infantil que estaba en Lope de Rueda 4. Tenía decoradas las paredes con figuras de Disney. El dueño era alto con gafas y bigote. Ella más menudita. Ambos tenían buena mano con los niños. Y un día cerraron la zapatería, desaparecieron sin que nadie supiera por qué ni donde estaban. Y ¡oh cosas del destino! Al cabo de un tiempo abrieron  otra zapatería en Arenas de San Pedro.  Habían adoptado un niño y por miedo a que la madre biológica les molestara, optaron por desaparecer de Madrid.

Reencuentro después de la guerra

Pensamiento.

Recuerda siempre que el éxito están en… ¡¡¡ser feliz!!!  El resto es una consecuencia más…

 

Había finalizado la guerra civil sin ninguna baja en la familia. Después de tres años sin saber unos de otros, vuelven a reunirse todos en Puente Caldelas alrededor de papá José que ya contaba 89 años. Quieren dejar inmortalizada esta reunión familiar y para ello mandan venir de Pontevedra a un fotógrafo.  Nuestro hermano Antonio recuerda que fue la primera vez que vio una cámara de esas características, con trípode, cortinilla, etc. Sin embargo, el tío Atilano ya tenía un tomavistas en aquel entonces. Antes de la comida logran colocarse todos y consiguen que los niños estén quietos unos segundos, los suficientes para que el fotógrafo suelte el pajarito, apriete la perilla y… ¡zas! ¡Aquí quedaron para siempre! Para que cientos de ojos de sus descendientes miren con curiosidad y examinen cómo eran, que nos demos cuenta de la fuerza de los genes y saquemos asombrosos parecidos con la generación actual. Que a pesar de haber terminado una época de penurias y que  comenzaba otra no menos dura, todos los hombres iban con chaqueta y corbata. Que los niños que llevan calcetines blancos, tenían un papá Registrador de la Propiedad (observación de nuestro hermano Antonio). Que nuestra madre vestía un hábito de color morado, moda frecuentísima en la guerra. Que la ropa de los niños no difiere en nada a la actual, los niños pijos siguen vistiendo igual pero con 77 años de diferencia.

Era el 1º de septiembre de 1939.Ese día empezó la Segunda Guerra Mundial.

En el centro, papá José flanqueado por Maruja y Fe, las dos solteras. Detrás del abuelo, el tío Atilano, con gafas. A su lado, su mujer, tía Lucila. Después tío Pepito y tía Elvira. A su lado Pepe Lois (Pepe el sabio para la familia), , Clotilde Estévez  (Tataya), la mayor de las tres primas con el mismo nombre. Murió muy jovencita, siendo monja de clausura, carmelita descalza. Y el elegante de la pajarita que remata la fila por la izquierda, es el tío José Casas, primo y cuñado de nuestro padre y padre de Javier María.

Detrás de papá José hacía la derecha: tío Manolo Lois, su mujer tía Nenuxia, un poquito encima Pepe, el pequeño (el del camión), tío Marcial, nuestro padre, detrás de papá, Chano, Manolito Vidal, tío Rafael, Palmira y tío Gregorio con Paz en brazos.

Fila del centro por la izquierda: Clotildita Estévez Márquez, Mercedes, tía Carmiña con Antonio María en brazos. Tía Carmela con José Pablo. Tía Maruja, papá José, tía Fe.

Al lado de tía Fe: tía Carmiña con Juan Manuel en brazos. Al lado mamá (de hábito morado), tía Esperanza, Esperancita, más conocida por Nené. Y Lucilita (Sila).

Última fila izquierda: María Rosa con un gran lazo en la cabeza, Goro , Sisa, Engracia, Manolo, Conchita con otro lazote, Mª del Carmen, inconfundible, Elvirita, Pepín, Fe, Teresa. Vestidos de oscuro con cuello blanco, están Antonio y Pepe. Delante de ellos Cloti, con tres añitos. José Antonio remata la fila.

 

Seguro que más de uno está pensando ¡menudo cacao! Pero cuando consultéis este cuadro lo vais a ver todo más claro.

Tío Pepito (Registrador de la Propiedad), se casó con Elvira Márquez, de Córdoba. Tuvieron 6 hijos: Cloti, Sisa, Encarnita, Elvira, Pili y Pepín Estévez Márquez.

Tía Lucila se casó con Atilano Vidal (Registrador de la Propiedad). Tres hijos: Sila, Engracia y Manolito Vidal Estévez

Tío Gregorio (Ingeniero Industrial)  se casó con Carmen Parada, de Puente Caldelas con ascendencia brasileña. Un montón de hijos: Tataya (Cloti), Teresa, Conchita, Mercedes, Mª del Carmen, Rosa María, Paz, Pepe, Goro, Manolo, Antonio María y Fernando Estévez Parada. Varios de estos primos viven en Bahía (Brasil).

Tío Marcial (Secretario del Juzgado),  se casó con Carmiña Rodríguez Sieiro, de Pontecaldelas. Dos hijos: José Antonio y Juan Manuel Estévez Rodríguez.

Tío Rafael (Médico) se casó con Esperanza, de Cuba. Dos hijas: Esperanza, conocida siempre por Nené. Y Fe.

Tía Carmela se casó con su primo hermano José Casas Fernández (Secretario del Juzgado). Cuatro hijos: José Pablo, Javier María, Mª Isabel y Paloma Casas Estévez.

Antonio (Farmacéutico),  se casó con Araceli, de Almería. Once hijos: Antonio, Pepe (José Luis), Clotilde Araceli, Mª Teresa, Rafael, María José, María Lourdes , María Cristina , María Araceli, Manuel Juan Jesús y María del Mar.

Fe y Maruja no se casaron.

Ancestros gallegos

Pensamiento

Un problema puede ser una oportunidad para nuestro aprendezaje; todo depende de nosotros.

Rama mamá Clotilde

Nuestro tatarabuelo.

  1. Juan Manuel Orge Piñeiro, nació en Puente Caldelas (alrededor 1815). Fue el padre de mamá Gumersinda, abuelo de mamá Clotilde, bisabuelo de mi padre y tatarabuelo mio.  Siendo muy joven, con 18 años, se embarcó con destino a Mendoza (Méjico). Cuando regresó seguía siendo muy joven pero ya era un gran hombre de negocios con una gran fortuna. Traía barcos cargados de palo de Campeche  a Francia, vía Burdeos. El palo de Campeche se usaba para fabricar tintes y Europa era un gran importador de este producto.

Siendo Alcalde de Pontecaldelas,  la Corporación municipal aprueba (copio del libro) “… la cantidad de los mil cuatrocientos escudos que se consignaron en el capitulo sesto y su articulo tercer del Presupuesto adcional al ordinario de gastos municipales formado para el corriente año económico con destino a hacer una Fuente publica de agua potable en esta Villa, incluso su mina, cañería, indegnización de terrenos y demás gastos que se ocasionen al objeto, hasta poner la referida fuente ultimada y dar corriente el agua…” (Sesión del 3 de marzo de 1867)”.

La fuente se instala en La Prazuela, con una inscripción recordando a su entonces Alcalde, D. Juan Manuel Orge. Allí sigue a disposición de todo el que quiera verla.

En esta fotografía, delante de la fuente, tío Gregorio, María del Carmen, Paz, su hija pequeña y yo. Año 1969

Nuestro bisabuelo.

 

Gregorio Fernández Antón. Nació en Seixo en 1835. Sus padres fueron Miguel y Francisca. El 23.7.1862 fue nombrado Administrador de Rentas Estancadas, cargo que desempeñaba su suegro D. Juan Manuel Orge.

En 1876 aparece como Procurador del Juzgado de Primera Instancia de Pontecaldelas. Elegido Alcalde de esta localidad en 1877.

Se casó con Gumersinda Peregrina Orge Portela en 1863. Tuvieron ocho hijos: Antonia Aurelia Caridad Clotilde Julia (1864), Marcial Aureliano Modesto (1865), Hermenegildo (1866), Segundo (1867), Erundina (1869), Isabel Elvira Leonor Leopoldina (1872), Isabel Maria Aureliana Alejandrina (1875) y Palmira Aurelia Prima (1877). En  negrilla los que sobrevivieron a mamá Gumersinda.

Gregorio muere en 1881, con 46 años, tres meses después que su suegro, D. Juan Manuel Orge.

He aquí el relato que hace D. Antonio Martínez Peso de los últimos meses de vida de D. Gregorio Fernández Antón, nuestro bisabuelo paterno:

(copio del libro) “En el día 30 de Octubre de 1880 salió de Caldelas para marchar a Madrid a consultarse con médicos. Llegó a Madrid el día 3 de noviembre de 1880. Estubo (así consta en original) en Madrid 4 días y salió para Lisboa. Llegó a Ponte Caldelas en el día 19 de noviembre de 1880. Dijo que en Madrid hacia mucho frio. Paró en el hotel de Cordero junto a la puerta del Sol.

Se confesó en 16 de enero de 1881 y fue administrado de la Capilla en el día 17 por el capellán.

Inflamado el vientre, sufrió en marzo 28 de 1881 por un médico de Pontevedra una sondación que le hizo salir unos 9 cuartillos de agua por la boca.

  1. Gregorio Fernández murió a las 4 de la tarde del jueves 7 de abril de 1881, víspera de los 7 Dolores”

34 sacerdotes celebran honras fúnebres por su alma aquel 9 de abril de 1881. Tenía otorgado testamento unos días antes, dejando mejorada a su mujer en un quinto de sus bienes.

Nuestra bisabuela.

Mamá Gumersinda

Mamá Gumersinda queda sin padre y sin marido en escasos tres meses. Pasa también por el trago amargo de la muerte de dos hijos y dos hijas.

Fallece el 24 de agosto de 1909.

Cuando esto ocurre, nuestro padre contaba con seis años, así que pocos recuerdos guardaba de ella sin embargo nos la nombraba con bastante frecuencia. Sobre todo como ejemplo de sobriedad. Si le enseñábamos un vestido nuevo y preguntábamos si le gustaba, su contestación era: “Si, pero mamá Gumersinda solo tenía un vestido de invierno y otro de verano”. Ahora estoy convencida que no era cierto.  El padre de mamá Gumersinda, D Juan Manuel Orge, era el más rico de Pontecaldelas y es de suponer que su hija tendría algo más que un vestido.

Escribiendo estos episodios tan tristes, pienso en todo lo que tuvieron que pasar nuestros bisabuelos y desde aquí toda nuestra admiración y gratitud. Gracias a ellos, estamos todos nosotros aquí.

Calculo que esta fotografía está hecha en 1889. Sentadas, mamá Clotilde con la primera Elisa en su regazo. Al lado mamá Gumersinda, que en esta foto tendría alrededor de 45 años… Ya llevaba tiempo viuda y es de suponer que entonces el luto te duraba toda la vida….

El tío Pepito, que va vestido de niña, modas de la época, está delante de un papá José jovencito ((37 años). A su lado, una hermana de mamá Clotilde. Podría ser Palmira.

A la derecha está Erundina, casada con Manuel Casas, al lado. Erundina se murió al año de casarse y Manuel esperó a que Isabel, en la foto delante de él, cumpliera los 18 años y se casó con ella. En la foto siguiente, Manuel e Isabel.

Son los padres  de nuestro tío José Casas, que se casó con su prima Carmela, hermana de nuestro padre.

Para los despistados: los señores de la foto eran los abuelos de Javier María Casas Estévez, primo nuestro,  marido de María Fernanda, quienes no faltan a ninguna fiesta familiar.

Tía Nenuxia y tío Manolo Lois. Padres de Palmira,(casada con Álvaro D’Ors, 12 hijos), de Chano (casado con Pilar Bastida, 4 hijos). Y de Pepe (casado con Carmen Puente, 5 hijos, entre ellos, Raúl.)

Según Antonio, nuestro padre tenía predilección por Chano y Pepe Lois.  Recuerdo de pequeña ver a estos primos por casa con cierta frecuencia. La farmacia era el punto de referencia de toda la familia gallega que venía por Madrid. Ellos ya habían acabado la carrera, Chano era ginecólogo y Pepe fue un reconocido Catedrático de Derecho.

Pepe Lois era conocido en la familia como Pepe el sabio, porque lo era. En su día montó, él solo, el mayor telescopio de España en Santiago de Compostela.  .

Hermenegildo Fernández Orge. Hermano de mamá Clotilde.

¿A quién le sacáis parecido?

 

 

Rama papá José.

Nuestro bisabuelo.

 

 José Estévez Méndez, fue farmacéutico. Este bisabuelo nuestro (cuando digo nuestro me refiero a los once Estévez Díez; nuestros descendientes tendréis que calcular el grado de parentesco), tiene una historia ejemplo de tesón y perseverancia.

Habiendo nacido en Creciente (Pontevedra), estudió en el seminario de Melón. Antes de ser ordenado sacerdote debió darse cuenta que eso no era para él y dejó el seminario.  Supongo que serían tiempos difíciles y había que buscarse un trabajo  y en esta búsqueda fue a parar a la farmacia de El Puente, en Pontevedra, propiedad de D. Antonio María Fernández,  nuestro tatarabuelo.

Nada más llegar debió salirle “ese mujeriego que todos los Estévez llevan dentro” (según nuestro padre), y se enamoró de Rosa, ¡la hija del patrón! Ante tal atrevimiento, D. Antonio María,  que no se andaba con tonterías, cogió la tranca de la puerta y enseñándosela le dijo que la rompería en sus costillas si seguía cortejando a su hija siendo un don nadie.

A José no le hizo falta más. Se subió a una mula y acompañando a unos maragatos que hacían el trayecto, se presentó en Madrid. Esto ocurría en el año 1835, en plena guerra carlista (primera). Al llegar a la capital de España, vendió la mula y con lo que le dieron por ella tuvo para estudiar la carrera de farmacia y mantenerse hasta finalizar. Título en mano, incluido doctorado, se presentó a su antiguo patrón quien ya no tuvo inconveniente en que se casara con su hija Rosa Fernández Feijoo. Tuvieron cuatro hijos: José (papá José), Joaquina (madre de mi madrina, tía Rosa), Ventura y Antonio.

Ventura, que también fue farmacéutico, se fue a Buenos Aires donde vivió siempre. Tuvo solo una hija, Margarita.. Las dos hijas de ésta supongo vivirán allí.

Antonio marchó  a Cuba y vivió allí muchos años sin dar señales de vida. Cuando nuestro tío Rafael hizo su primer viaje de trabajo (era médico en un barco), papá José le encargó que buscara a su hermano. Dio con él y en el siguiente viaje lo trajo a Puente caldelas, quedándose a vivir con toda la familia en El Molino. Debió resultarle duro el cambio después de vivir en un sitio con tanta luz y buen tiempo. Nos contaba mi padre que un  día, viendo llover tras la ventana, comentó a las sobrinas: “chicas, si el mundo tiene culo… ¡esto es el culo del mundo!

 

Otro dato de nuestro bisabuelo José Estévez Méndez, farmacéutico, es que fue el primer Doctor en Farmacia de la provincia de Pontevedra. Hecho sin importancia porque antes no existía el doctorado. Heredó de su suegro la farmacia de El Puente. Esta farmacia estaba destinada para nuestro padre pero él eligió establecerse en Madrid.

 

 

El primer clan

Pensamiento:

No es lo mismo reaccionar que responder.

 

El primer clan Estévez

Papá José y mamá Clotilde.

 

 

Papá  José (Pontevedra, 1850)  Mamá Clotilde (Pontecaldelas, 1864)

Estas fotografías de papá José y mamá Clotilde siempre han estado presidiendo el cuarto de estar de nuestros padres.

Con ellos empezó el Clan Estévez. Una familia que fue creciendo y creciendo…

Aún teniendo conocimientos familiares muy anteriores a ellos, como ireis viendo, vamos a partir de nuestros abuelos porque el Clan de los Estévez comenzó en Pontecaldelas el 18 de abril de 1887, fecha en la que contrajeron matrimonio.

 

 Nuestro abuelo.

José Estévez Fernández, papá José,  nació en Pontevedra el 19 de marzo de 1850. Hijo de José Estévez Méndez, farmacéutico y de Rosa Fernández Feijoo. Estudió la carrera de medicina en Santiago de Compostela y Madrid.

Papá José y su familia vivían en Pontevedra. Tuvo varios destinos como médico hasta que llegó a Pontecaldelas, donde conoció a una jovencita 14 años menor que él. Se casaron en 1887 y allí se quedó para siempre. Siempre ejerció de médico y por muchos años de alcalde.

Nuestra abuela

Mamá Clotilde, (Antonia Aurelia Caridad Clotilde Julia), hija de Gregorio Fernández Antón y Gumersinda Peregrina Orge Portela, fue la mayor de 8 hermanos. No se sabe con certeza el día de su nacimiento, aunque dada la costumbre de poner como nombre el santo del día, suponemos que nació el tres de junio de 1864, día de santa Clotilde.

Casose, como dicen los gallegos, con 21 años, en la capilla de la Sagrada Familia, oficiando la ceremonia su tío materno, D. Marcial Orge Portela.  Se quedaron a vivir con su madre hasta 1895, año en el que inauguraron El Molino, esa casa familiar tan maravillosa que todos hemos conocido. A la  fiesta de inauguración acudió “la flor y nata” de Pontecaldelas y Pontevedra. El acontecimiento seguro que saldría en los periódicos de la época.

Aquí vemos una mamá Clotilde jovencísima. No sé vosotros pero yo veo gran parecido con Paloma e Ingrid.

 

Primera foto. El Molino, recién terminado 1895. La fachada cambió con el tiempo. Todos la recordamos con baldosines verdes oscuros. Aún no está el jardín hecho. Falta la palmera!!

En la segunda foto podemos ya apreciar la palmera que plantó mamá Clotilde y que ha sido testigo de todas las vivencias de los Estévez.

Comienza la historia.

El texto entrecomillado está copiado de la tarjeta conmemoración encuentro Estévez del 2005.

 

“La familia.

“Esta historia empieza en el año 1887 cuando en la villa de Pontecaldelas, el 18 de “abril, contrajeron matrimonio don José Estévez Fernández (natural de Pontevedra y “destinado allí   como médico) y doña Clotilde Fernández Orge. Él era catorce años “mayor que ella y la había conocido siendo casi una niña. La esperó.  Al año de la boda “se inició la formación de la familia, con el nacimiento de Pepito, le siguió la primera “Elisita, que murió cuando tenía cinco o seis años, y luego fueron llegando Lucila, “Gregorio, Rafael, Elisa (a la que todos conocemos como Nenuxa), Marcial, Maruja, “Antonio, Fe, Carmela y Teresa (muerta a los ocho días de nacer).  Empezaron su vida “en la casa de la abuela Gumersinda, que sería siempre “la casa de allá”, situada donde “hoy está el Hotel “Las Colonias”.

“El 10 de mayo de 1921, cuando contaba 57 años de edad, murió la abuela, mamá “Clotilde, tan pronto que solo llegó a conocer a la mayor de los nietos, Palmira, hija de “Nenuxa, que tenía siete meses. A papá José, sin embargo, fueron bastantes los que le “conocieron pues, a pesar de la diferencia de edad, sobrevivió a su mujer veinte años: “murió el 28 de octubre de 1941 con 91 años. Todos los que tuvieron esa suerte lo “recuerdan con mucho cariño.

“Poco a poco, los hijos y las hijas, excepto Maruja y Fe, fundaron sus propias familias. “Las mujeres y también Marcial, encontraron a sus parejas en Puente Caldelas. Los “demás varones se fueron más lejos y casaron con 2 andaluzas (una de ellas mi “madre), 1 brasileña y 1 cubana. La familia aumentaba, aumentaba, hasta llegar a un “total de cuarenta y cuatro nietos, que a su vez contribuyeron a formar una gran tribu “de 109 bisnietos y 110 tataranietos, que no se han limitado a vivir en Puente Caldelas, “ni siquiera en la provincia, ni siquiera en Galicia: hay miembros que han nacido y “viven en Brasil, en Alemania, en los Estados Unidos, etc. Etc. ¿Podrían haberlo “sospechado aquellos dos contrayentes de 1887? (Datos del 2005).

INVITACION DE MAMA CLOTILDE

Nuestra  prima Engracia Vidal Estévez, conserva una tarjeta de invitación que envió mamá Clotilde a sus amistades con motivo de la inauguración. Era una joven de 31 años. Me gusta pensar cuanto disfrutaría mi abuela con el estreno de su casa, siendo tan joven y con una familia tan grande ya. Me la imagino preparando la fiesta, cuidando todos los detalles, sintiéndose orgullosa de su nuevo hogar. Estaría flamante, con su traje nuevo. A pesar de que en todas las fotos que existen de ella se la ve seria, yo se que era una mujer alegre, activa, emprendedora y muy cariñosa. Así que estoy segura que ese día fue un éxito, mamá Clotilde brilló y una vez más inundó con su energía el hogar de los Estévez.

Papá José, mi abuelo, llegaría tarde de visitar a algún enfermo, pero iría con la seguridad de que todo estaba perfecto. Conocía muy bien a su mujer y confiaba en ella. Sabía que era capaz de arreglárselas sola en las circunstancias más difíciles haciéndolas fáciles.

Mamá Clotilde  una mujer de espíritu inquieto, creativa, trabajadora, emprendedora y culta (se carteaba con los políticos de la época). Hay que tener en cuenta que esto acontecía a finales del siglo XIX, y que gracias a su iniciativa llegó la luz a Pontecaldelas, gestionando ella la hidroeléctrica. Llevaba el molino del pueblo, la tabacalera, el aserradero y su casa con diez hijos. Lástima que muriera tan joven, a los 56 años. Mi padre contaba que había ido a Pontevedra, cosa que hacía  con frecuencia pues solo estaba a 17 kilómetros, (hoy a 15).  Al regreso comentó que le dolía la cabeza y se acostó. La encontraron muerta. Un derrame cerebral. Papá José la sobrevivió 20 años.

 

Esta fotografía está hecha en enero de 1916, en el comedor de El Molino. Los pequeños posan con su regalo de Reyes. Nuestro padre vestido de explorador y un libro de cuentos en la mano. Carmela y Fé con sus muñequitos. El de Fé es más grande porque los Reyes habían llegado a casa de unos tíos con los que pasaba largas temporadas

Empezando por la izquierda: Lucila Blanca Felicidad (1891-1990),  Marcial Mario (1899-1974), José Gregorio( Pepito 1888) Rafael Víctor (1895-1976), Elisa Natividad ( Nenuxia 1896-1964)y Gregorio Joaquín Telmo (1893-1991). Abajo: Antonio Bernardo (1903-1984), María del Carmen (Carmela 1908-1991) con mamá Clotilde, Fe Esperanza Caridad (1906-1993) con papá José y María Clotilde (Maruja 1901-1987).

Diez hijos y habían fallecido dos, Elisa Aurea (1889-1894)  y Mª Concepción Teresa de Jesús (1910-1910).

Se aprecia muy bien la vitrina del comedor con la vajilla y en el ángulo de la derecha, parte de la mesa de los pequeños.

También se ve estupendamente el suelo de castaño ¡que aún dura!

Tío Pepito en esta foto ya tenía  27 años, es decir, que llevaba muchos años fuera de casa. Era Registrador de la Propiedad desde los 21 años, no pudiendo tomar posesión de la plaza hasta que cumplió los  23,  edad mínima exigida. Esos dos años estuvo ejerciendo de Juez, pues también era Juez.

Además de portento intelectual, como habréis visto, era una persona responsable y amante de su familia. Siempre ayudó económicamente a todos. A nuestro padre le pagó la carrera, incluida la estancia en Madrid, y según nos contó, su hermano era tan esplendido que vivió como un marajá. Y después le dio el dinero para montar la farmacia.

Mamá Clotilde

Publicado en La Voz de Galicia, el 19.02.2017

Imagen:CAPOTILLO

Mamá Clotilde, la mujer que fue capaz de iluminar a todo un pueblo

En 1907 puso en marcha una central que hizo que Ponte Caldelas tuviese luz solo 19 años después de Pontevedra

María Hermida
pontevedra / la voz

Bea y José Miguel Estévez reciben en la casa verde; en una vivienda de Ponte Caldelas que recuerda a la arquitectura indiana y que fue levantada por sus bisabuelos, José Estévez y Clotilde Fernández, mamá Clotilde. Van a contar la historia de esta mujer. Y la van a contar, principalmente, por un motivo: por hacer justicia con la historia de una mujer que se atrevió a ser emprendedora y visionaria a principios del siglo pasado. Hablan ellos mientras hacen una visita guiada por la casa, por los molinos y por una vieja central eléctrica que rodean el inmueble. Ahí, en ese último espacio, donde una antigua turbina está rodeada de andamios para ser reparada, es donde empieza todo. Porque fue mamá Clotilde la que, como ellos explican, en 1907, logró poner a funcionar esa central para dar luz a Ponte Caldelas solo diecinueve años después de que Pontevedra la tuviese. Ella, con esa iniciativa, fue la que puso el germen de una empresa familiar, Los Molinos, que, aunque adaptada a los nuevos tiempos, todavía sigue operando como distribuidora de energía.

Bea y José Miguel no llegaron a conocer a mamá Clotilde, que murió poco después de los cincuenta años después de haber traído al mundo a diez hijos. Pero sí tienen claro qué fue lo que hizo. Cuentan ellos que estaba casada con José Estévez, médico de Pontevedra y luego alcalde de Ponte Caldelas. Dicen que a él nunca le interesaron demasiado los negocios, y que en cambio ella sí llevaba una gran emprendedora dentro. La familia, en los terrenos pegados al río Verdugo donde está la casa verde, había tenido curtidurías y después aserraderos, cuyas instalaciones todavía pueden verse actualmente a orillas del cauce. Ella, aprovechando el agua que llegaba a los siete molinos, decidió que había llegado el momento de apostar por la electricidad. «Se cegaron varios molinos y se pasó a producir energía. Por la noche se producía electricidad y por el día la fuerza del agua se aprovechaba para serrar la madera», explican los bisnietos. En la que fue la vieja central todavía pueden verse las palancas que se accionaban para dar luz al pueblo. Estaba divididos en tres zonas: Puente, Portugalete y Caldelas.

Mamá Clotilde, que luce con porte sobrio en un retrato que cuelga en una de las paredes de esa casa verde por fuera y blanco inmaculado por dentro -puertas incluidas-, además de ser la mujer que encendió la luz de Ponte Caldelas, dejó otras pistas de su carácter singular. Por ejemplo, ella nunca se marchó a la emigración. Sin embargo, la casa que levantó para vivir con su marido y sus hijos recuerda a la arquitectura indiana. ¿Por qué? «La encargaron de estilo modernista, suponemos que les gustaría», dicen. La terminaron en 1895. Y ahí sigue; de color verde y en pie.

Aunque ella era el alma máter de los negocios, los contratos llevaban la firma del marido

Oficiosamente, y tal y como cuentan sus descendientes, mamá Clotilde fue el alma máter de la eléctrica Los Molinos. Pero sus tiempos no eran buenos para el emprendimiento femenino. Y tanto que no lo eran. Los contratos están firmados todos por su esposo, José Estévez. «Imagínate la situación, en aquel momento ella ni siquiera tenía derecho a voto, como el resto de las mujeres. Así que sería impensable que los contratos estuviesen a su nombre. Los firmaba su marido, pero sabemos que la que se encargaba de los negocios era ella. Su madre, mamá Gumersinda, era la propietaria de estos terrenos, y ella fue la que puso en marcha las distintas actividades. Nuestro bisabuelo vino de Pontevedra, era médico y luego fue político, pero no se ocupaba de esto», señala José Miguel Estévez.

Aunque la igualdad siga resistiéndose en muchos aspectos, afortunadamente, los tiempos cambiaron. Y Bea Estévez, bisnieta de Clotilde, está continuando el legado emprendedor de su antepasada sin que nadie haya de firmar por ella. «Si te fijas es la misma situación que se dio con mamá Clotilde, ambas están siendo visionarias porque apuestan por lo más avanzado en cada momento que les tocó vivir», explica su primo José Miguel mientras Bea se sonroja. Y es que Bea es una de las impulsoras de Áurea Energía y Telecomunicaciones, una empresa que apostó por la fibra óptica y le está dando servicio a todo Ponte Caldelas y a los polígonos de O Campiño y A Reigosa. «Es un proyecto innovador e interesante y a mí me está gustando participar en él», señala Bea sentada a las puertas de la encantadora casa de mamá Clotilde, que lleva sin habitantes desde que murieron unas tías de Bea y José Miguel, que fueron las últimas que ocuparon ese hogar a orillas del río Verdugo.


Para vuestra información, mamá Clotilde era nuestra  abuela paterna. Jose Miguel es hijo de nuestro primo “Pepe el del camión”. Y Bea hija de Juan Manuel, nieta del tio Marcial.

La periodista habla de Los Molinos, pero siempre ha sido El Molino.

Efectivamente, encima de la puerta de atrás hay una placa con el año de inauguración de la casa “1895”. Por lo tanto en El Molino nacieron  tía Maruja , papá, Fé y Carmela.