Nuestra parte andaluza

Los andaluces.

De esta rama familiar tenemos el árbol genealógico que se remonta a 1535. De nuestros tatarabuelos, solo tenemos datos de  Manuel de Castro Heras (1801-1864) casado con Antonia Arráez Soler (1833-1854).

Manuel de Castro fue el 4º Marqués de Campohermoso, título que tenía la familia desde 1739. Cedió el marquesado a su hermano menor,  Trinidad, como regalo de boda, ya que él estaba soltero y sin pensamiento de casarse. Así no se perdería el título.

Si este antepasado no hubiera sido tan generoso, el título de marqués de Campohermoso lo tendría ahora nuestro hermano Antonio ¿os imagináis? Ahora seríamos los hermanos del marqués, los sobrinos, los primos, los hijos, los nietos del marqués. Y ahora comprenderéis todos de donde le viene a Antonio ese “saber vivir”…. estaba destinado a ser marqués, y aunque sin título ¡el vive como tal!

Al poco tiempo de regalar el título,  conoció a una joven, Antonia Arráez Soler (1833-1854), con la que se caso en 1849, muriendo a consecuencia del parto de su primera hija, Teresa. Esta Teresa era nuestra bisabuela, la que siempre conocimos como “la abuela Teresa”.

Teresa nació en Guadix, un día del mes de junio de 1851. Solo disfrutó de su madre tres años. Cuando ésta falleció, su padre la llevó al Colegio para Niñas Nobles, en Madrid, cerca de su abuela Catalina. Así que fue Catalina quien cubrió las necesidades afectivas de Teresa, que se quedó huérfana también de padre cuando tenía catorce años.

Huérfana y con una inmensa fortuna, a la abuela Catalina le empezó a preocupar el futuro de Teresa. Y no tardando mucho, le presentó a un joven médico, Rafael Díez Cano (1844-1918), hijo de unos antiguos amigos, que frecuentaba las  reuniones semanales que hacía en su casa. Se casaron en 1866, cuando Teresa contaba con 15 años y Rafael  22. No fueron padres hasta 1882, año en que nació su único hijo Rafael Diez Castro, nuestro abuelo materno, que también fue médico.

Sin lugar a dudas, venimos de una familia de grandes cocineros. Nuestro bisabuelo, Rafael Diez Cano, fue el director del Hospital Provincial  de Almería, pero su gran afición  era la cocina. Mi abuela Araceli nos contaba anécdotas de su suegro, donde quedaba demostrado su amor por los fogones. Organizaba cacerías en el cortijo con el único fin de poder cocinar para sus amigos.

Una anécdota que gustaba contarnos,  era que llegó el Rey Alfonso XIII a Almería camino de Ceuta. No pudiendo atravesar el estrecho por causa de un temporal, mi bisabuelo organizó una comida en el Hospital, siendo él el cocinero. Hizo  arroz de primavera. Mi madre este plato “lo bordaba”.

 

Estos bisabuelos  vivían en Almería, en la Plaza Bendicho, situada en un lateral de la Catedral.

 

Ahora la  casa está ocupada por una oficina de Turismo.

Aquí vivían cuando Rafael Diez Castro se casó con Araceli Rodríguez Orland (1911).  Y aquí nacieron sus tres hijos, Araceli, a quien todo el mundo llamaba Lilí (15.3.1912), María Teresa, conocida por Maruxa (13.5.1914) y Rafael (1916).

Contaba nuestra madre que su abuelo alguna mañana se la llevaba al hospital y la dejaba al cuidado de las monjas. Fueron estas monjas quienes la enseñaron a leer.

Hospital Provincial de Allmeria, en la actualidad.

Cuando su abuelo falleció, Lilí tenía 4 años y seis cuando murió su padre.

Nuestra abuela, Araceli, viuda con 27 años, tres hijos y una suegra también viuda, pensó, con mucho acierto, que lo mejor era salir de Almería. Y se fue con sus retoños a Barcelona, donde solo estuvo un año. Luego se dirigió a Madrid quedándose para el resto de su vida.

Nada más llegar a Madrid, internó a las niñas en el colegio que aún existe en la calle Martínez Campos. Y allí estuvieron hasta los 17 años. Nuestra madre siempre nos decía que fueron años dichosos, recordaba su época de internado con mucho cariño. Gracias a su carácter abierto siempre fue protagonista de todos los actos importantes del colegio. No ocurriendo así con su hermana Maruxa, que era tímida y apocada.

ARROZ DE PRIMAVERA DEL BISABUELO

Ingredientes para 4 personas

1 tacita de Guisantes

1 tacita de Habas

4 Alcachofas

1 Pimiento verde

2 tomates

2 dientes de ajo

Perejil

300 grs. Arroz

650 ml. Agua

Sal

Aceite

Se preparan las verduras. Las alcachofas bien peladas dejando solo el corazón. Se frotan con limón para que no oscurezcan. Los guisantes y habas, si no hay frescos se pueden utilizar congelados.

En la paella se pone aceite y se doran los dientes de ajo. A continuación se fríe el perejil. Se saca todo al mortero.

En el mismo aceite se fríe el pimiento verde en trocitos.  Se aparta.

Freír los dos tomates pelados y picaditos.  Una vez que está el tomate, se añaden las verduras (las alcachofas troceadas en 4), rehogándolas con el tomate.

Añadir el pimiento y el arroz. Rehogar todo junto.

Se incorpora el agua con lo del mortero (ajo y perejil).

Poner la sal y cocer a fuego lento,  aproximadamente 15 minutos. Cuando se apaga, se deja reposar otros 5, tapado. Se puede añadir limón que le da muy buen sabor.

 

 

 

Recuerdos de mi infancia. Mis padrinos

 

Rosa Iglesias, prima hermana de nuestro padre, y Valentín Parada. Mis padrinos.  Vivian en Mayor, 84, casa desde la que tiraron a los Reyes la bomba el día de su boda. Algunas veces mi padre me llevaba a pasar el día con ellos. Recuerdo su casa con los suelos de corcho brillante. Chimeneas en todas las habitaciones. Encima de una de ellas tenían un retrato mio de cuando aún no sabía andar. Mi madrina me explicaba de quien era el dedo al cual yo me agarraba para mantenerme en pie. Siempre me gustaba oir esta historia. Antes de comer nos ibamos a la Plaza de Oriente y me subía en el carro tirado por un caballo, donde todos los niños ibamos tocando una campana mientras dábamos la vuelta a la plaza. Por la tarde volvía mi padre a recogerme. Si esta visita coincidía con la pascua de semana santa, me regalaba la “mona”, costumbre gallega. Una tarta adornada con figuras de chocolate: casita, conejito, gallina, etc. Y 100 pesetas.  Yo no era consciente pero debía de generar algo de envídia, sobre todo en Lourdes que era la más cercana a mí, porque los demás padrinos no tenían esos detalles. Por supuesto que la tarta la comeríamos entre todos y las 100 pesetas no las volvía a ver.

Un día Lourdes montó una de sus rabietas cuando vió que me iba a casa de mis padrinos y a ella no la llevaban. Como en  el mismo edificio vivian unos amigos de la familia, Americo y Mercedes,  mi padre les llevó a Lourdes. Una y no más….

Aquellas gentes procuraron estar siempre ausentes cuando yo iba a ir con mis padrinos, no fuera a ser que mi padre quisiera dejarles otra vez a Lourdes….

 

 

Recuerdos de mi infancia

Pensamiento.

Las personas que ejercitan la voluntad se convierten en grandes almas; llegarán a la meta. Los débiles estarán llenos de deseos sin cumplir.

 

 

Esta pareja tan elegante son el tío Marcial y su mujer, Carmiña, eran los padrinos de Cristina.  No sé por qué regalaron a su ahijada un dormitorio, cama, mesilla y armario de madera. La cama estuvo en la casa de Arenas hasta que se levantó. Luego perdí su pista.

Cuando vivíamos en la calle Saiz de Baranda, 28, 6º izquierda, soy tan explícita para presumir de memoria, vinieron una noche de visita los tíos Marcial y Carmiña. Nos dieron un beso y poco más porque a los pequeños nos estaban preparando para ir a la cama. En aquel entonces los pequeños éramos Cristina con dos años, Lourdes con cuatro y yo con seis. Esa noche Lourdes y yo estrenábamos camisón.  Eran tan bonitos que quedaron  grabados para siempre en mi recuerdo. Blancos, con un volante de tira bordada y unos grandes lazos. Azul para mi, rosa para Lourdes. Puedo decir que me sentí feliz con aquel camisón tan bonito pero es ahora cuando disfruto analizando todo lo que conllevaba aquel momento. Para que yo me sintiera feliz con aquel camisón primoroso, por supuesto hecho a mano,  tuvo que haber una madre que se ocupara de comprar la batista, los lazos y puntillas, que lo llevara a la modista, que pensara en el diseño y sobre todo que pensara con amor en nosotras. Podíamos haber dormido con cualquier otra prenda y hubiera sido normal en una familia tan numerosa. En ese momento ya éramos ocho. Pero no. En todas las fotografías se aprecia el esmero puesto por nuestra madre en la vestimenta de sus retoños. Recuerdo haber ido a dos tiendas de ropa de niño. Niza, que estaba en la calle de Alcalá. Y Belén, que estaba en Hermosilla. Por supuesto que cuando abrieron Galerías Preciados también nos llevaron de compras. Un comienzo de verano nos llevó mi madre, no sé a cuantos pero Lourdes, Cristina y yo seguro que fuimos. Descubrimos las escaleras mecánicas y nos compraron unos pantalones cortos, marrones, y un niqui amarillo, porque entonces eran niquis. Las camisetas eran otra cosa. Salimos con ello puesto. Y en verano calzábamos playeras, probablemente compradas en Los Patitos, una zapatería infantil que estaba en Lope de Rueda 4. Tenía decoradas las paredes con figuras de Disney. El dueño era alto con gafas y bigote. Ella más menudita. Ambos tenían buena mano con los niños. Y un día cerraron la zapatería, desaparecieron sin que nadie supiera por qué ni donde estaban. Y ¡oh cosas del destino! Al cabo de un tiempo abrieron  otra zapatería en Arenas de San Pedro.  Habían adoptado un niño y por miedo a que la madre biológica les molestara, optaron por desaparecer de Madrid.

Reencuentro después de la guerra

Pensamiento.

Recuerda siempre que el éxito están en… ¡¡¡ser feliz!!!  El resto es una consecuencia más…

 

Había finalizado la guerra civil sin ninguna baja en la familia. Después de tres años sin saber unos de otros, vuelven a reunirse todos en Puente Caldelas alrededor de papá José que ya contaba 89 años. Quieren dejar inmortalizada esta reunión familiar y para ello mandan venir de Pontevedra a un fotógrafo.  Nuestro hermano Antonio recuerda que fue la primera vez que vio una cámara de esas características, con trípode, cortinilla, etc. Sin embargo, el tío Atilano ya tenía un tomavistas en aquel entonces. Antes de la comida logran colocarse todos y consiguen que los niños estén quietos unos segundos, los suficientes para que el fotógrafo suelte el pajarito, apriete la perilla y… ¡zas! ¡Aquí quedaron para siempre! Para que cientos de ojos de sus descendientes miren con curiosidad y examinen cómo eran, que nos demos cuenta de la fuerza de los genes y saquemos asombrosos parecidos con la generación actual. Que a pesar de haber terminado una época de penurias y que  comenzaba otra no menos dura, todos los hombres iban con chaqueta y corbata. Que los niños que llevan calcetines blancos, tenían un papá Registrador de la Propiedad (observación de nuestro hermano Antonio). Que nuestra madre vestía un hábito de color morado, moda frecuentísima en la guerra. Que la ropa de los niños no difiere en nada a la actual, los niños pijos siguen vistiendo igual pero con 77 años de diferencia.

Era el 1º de septiembre de 1939.Ese día empezó la Segunda Guerra Mundial.

En el centro, papá José flanqueado por Maruja y Fe, las dos solteras. Detrás del abuelo, el tío Atilano, con gafas. A su lado, su mujer, tía Lucila. Después tío Pepito y tía Elvira. A su lado Pepe Lois (Pepe el sabio para la familia), , Clotilde Estévez  (Tataya), la mayor de las tres primas con el mismo nombre. Murió muy jovencita, siendo monja de clausura, carmelita descalza. Y el elegante de la pajarita que remata la fila por la izquierda, es el tío José Casas, primo y cuñado de nuestro padre y padre de Javier María.

Detrás de papá José hacía la derecha: tío Manolo Lois, su mujer tía Nenuxia, un poquito encima Pepe, el pequeño (el del camión), tío Marcial, nuestro padre, detrás de papá, Chano, Manolito Vidal, tío Rafael, Palmira y tío Gregorio con Paz en brazos.

Fila del centro por la izquierda: Clotildita Estévez Márquez, Mercedes, tía Carmiña con Antonio María en brazos. Tía Carmela con José Pablo. Tía Maruja, papá José, tía Fe.

Al lado de tía Fe: tía Carmiña con Juan Manuel en brazos. Al lado mamá (de hábito morado), tía Esperanza, Esperancita, más conocida por Nené. Y Lucilita (Sila).

Última fila izquierda: María Rosa con un gran lazo en la cabeza, Goro , Sisa, Engracia, Manolo, Conchita con otro lazote, Mª del Carmen, inconfundible, Elvirita, Pepín, Fe, Teresa. Vestidos de oscuro con cuello blanco, están Antonio y Pepe. Delante de ellos Cloti, con tres añitos. José Antonio remata la fila.

 

Seguro que más de uno está pensando ¡menudo cacao! Pero cuando consultéis este cuadro lo vais a ver todo más claro.

Tío Pepito (Registrador de la Propiedad), se casó con Elvira Márquez, de Córdoba. Tuvieron 6 hijos: Cloti, Sisa, Encarnita, Elvira, Pili y Pepín Estévez Márquez.

Tía Lucila se casó con Atilano Vidal (Registrador de la Propiedad). Tres hijos: Sila, Engracia y Manolito Vidal Estévez

Tío Gregorio (Ingeniero Industrial)  se casó con Carmen Parada, de Puente Caldelas con ascendencia brasileña. Un montón de hijos: Tataya (Cloti), Teresa, Conchita, Mercedes, Mª del Carmen, Rosa María, Paz, Pepe, Goro, Manolo, Antonio María y Fernando Estévez Parada. Varios de estos primos viven en Bahía (Brasil).

Tío Marcial (Secretario del Juzgado),  se casó con Carmiña Rodríguez Sieiro, de Pontecaldelas. Dos hijos: José Antonio y Juan Manuel Estévez Rodríguez.

Tío Rafael (Médico) se casó con Esperanza, de Cuba. Dos hijas: Esperanza, conocida siempre por Nené. Y Fe.

Tía Carmela se casó con su primo hermano José Casas Fernández (Secretario del Juzgado). Cuatro hijos: José Pablo, Javier María, Mª Isabel y Paloma Casas Estévez.

Antonio (Farmacéutico),  se casó con Araceli, de Almería. Once hijos: Antonio, Pepe (José Luis), Clotilde Araceli, Mª Teresa, Rafael, María José, María Lourdes , María Cristina , María Araceli, Manuel Juan Jesús y María del Mar.

Fe y Maruja no se casaron.

Ancestros gallegos

Pensamiento

Un problema puede ser una oportunidad para nuestro aprendezaje; todo depende de nosotros.

Rama mamá Clotilde

Nuestro tatarabuelo.

  1. Juan Manuel Orge Piñeiro, nació en Puente Caldelas (alrededor 1815). Fue el padre de mamá Gumersinda, abuelo de mamá Clotilde, bisabuelo de mi padre y tatarabuelo mio.  Siendo muy joven, con 18 años, se embarcó con destino a Mendoza (Méjico). Cuando regresó seguía siendo muy joven pero ya era un gran hombre de negocios con una gran fortuna. Traía barcos cargados de palo de Campeche  a Francia, vía Burdeos. El palo de Campeche se usaba para fabricar tintes y Europa era un gran importador de este producto.

Siendo Alcalde de Pontecaldelas,  la Corporación municipal aprueba (copio del libro) “… la cantidad de los mil cuatrocientos escudos que se consignaron en el capitulo sesto y su articulo tercer del Presupuesto adcional al ordinario de gastos municipales formado para el corriente año económico con destino a hacer una Fuente publica de agua potable en esta Villa, incluso su mina, cañería, indegnización de terrenos y demás gastos que se ocasionen al objeto, hasta poner la referida fuente ultimada y dar corriente el agua…” (Sesión del 3 de marzo de 1867)”.

La fuente se instala en La Prazuela, con una inscripción recordando a su entonces Alcalde, D. Juan Manuel Orge. Allí sigue a disposición de todo el que quiera verla.

En esta fotografía, delante de la fuente, tío Gregorio, María del Carmen, Paz, su hija pequeña y yo. Año 1969

Nuestro bisabuelo.

 

Gregorio Fernández Antón. Nació en Seixo en 1835. Sus padres fueron Miguel y Francisca. El 23.7.1862 fue nombrado Administrador de Rentas Estancadas, cargo que desempeñaba su suegro D. Juan Manuel Orge.

En 1876 aparece como Procurador del Juzgado de Primera Instancia de Pontecaldelas. Elegido Alcalde de esta localidad en 1877.

Se casó con Gumersinda Peregrina Orge Portela en 1863. Tuvieron ocho hijos: Antonia Aurelia Caridad Clotilde Julia (1864), Marcial Aureliano Modesto (1865), Hermenegildo (1866), Segundo (1867), Erundina (1869), Isabel Elvira Leonor Leopoldina (1872), Isabel Maria Aureliana Alejandrina (1875) y Palmira Aurelia Prima (1877). En  negrilla los que sobrevivieron a mamá Gumersinda.

Gregorio muere en 1881, con 46 años, tres meses después que su suegro, D. Juan Manuel Orge.

He aquí el relato que hace D. Antonio Martínez Peso de los últimos meses de vida de D. Gregorio Fernández Antón, nuestro bisabuelo paterno:

(copio del libro) “En el día 30 de Octubre de 1880 salió de Caldelas para marchar a Madrid a consultarse con médicos. Llegó a Madrid el día 3 de noviembre de 1880. Estubo (así consta en original) en Madrid 4 días y salió para Lisboa. Llegó a Ponte Caldelas en el día 19 de noviembre de 1880. Dijo que en Madrid hacia mucho frio. Paró en el hotel de Cordero junto a la puerta del Sol.

Se confesó en 16 de enero de 1881 y fue administrado de la Capilla en el día 17 por el capellán.

Inflamado el vientre, sufrió en marzo 28 de 1881 por un médico de Pontevedra una sondación que le hizo salir unos 9 cuartillos de agua por la boca.

  1. Gregorio Fernández murió a las 4 de la tarde del jueves 7 de abril de 1881, víspera de los 7 Dolores”

34 sacerdotes celebran honras fúnebres por su alma aquel 9 de abril de 1881. Tenía otorgado testamento unos días antes, dejando mejorada a su mujer en un quinto de sus bienes.

Nuestra bisabuela.

Mamá Gumersinda

Mamá Gumersinda queda sin padre y sin marido en escasos tres meses. Pasa también por el trago amargo de la muerte de dos hijos y dos hijas.

Fallece el 24 de agosto de 1909.

Cuando esto ocurre, nuestro padre contaba con seis años, así que pocos recuerdos guardaba de ella sin embargo nos la nombraba con bastante frecuencia. Sobre todo como ejemplo de sobriedad. Si le enseñábamos un vestido nuevo y preguntábamos si le gustaba, su contestación era: “Si, pero mamá Gumersinda solo tenía un vestido de invierno y otro de verano”. Ahora estoy convencida que no era cierto.  El padre de mamá Gumersinda, D Juan Manuel Orge, era el más rico de Pontecaldelas y es de suponer que su hija tendría algo más que un vestido.

Escribiendo estos episodios tan tristes, pienso en todo lo que tuvieron que pasar nuestros bisabuelos y desde aquí toda nuestra admiración y gratitud. Gracias a ellos, estamos todos nosotros aquí.

Calculo que esta fotografía está hecha en 1889. Sentadas, mamá Clotilde con la primera Elisa en su regazo. Al lado mamá Gumersinda, que en esta foto tendría alrededor de 45 años… Ya llevaba tiempo viuda y es de suponer que entonces el luto te duraba toda la vida….

El tío Pepito, que va vestido de niña, modas de la época, está delante de un papá José jovencito ((37 años). A su lado, una hermana de mamá Clotilde. Podría ser Palmira.

A la derecha está Erundina, casada con Manuel Casas, al lado. Erundina se murió al año de casarse y Manuel esperó a que Isabel, en la foto delante de él, cumpliera los 18 años y se casó con ella. En la foto siguiente, Manuel e Isabel.

Son los padres  de nuestro tío José Casas, que se casó con su prima Carmela, hermana de nuestro padre.

Para los despistados: los señores de la foto eran los abuelos de Javier María Casas Estévez, primo nuestro,  marido de María Fernanda, quienes no faltan a ninguna fiesta familiar.

Tía Nenuxia y tío Manolo Lois. Padres de Palmira,(casada con Álvaro D’Ors, 12 hijos), de Chano (casado con Pilar Bastida, 4 hijos). Y de Pepe (casado con Carmen Puente, 5 hijos, entre ellos, Raúl.)

Según Antonio, nuestro padre tenía predilección por Chano y Pepe Lois.  Recuerdo de pequeña ver a estos primos por casa con cierta frecuencia. La farmacia era el punto de referencia de toda la familia gallega que venía por Madrid. Ellos ya habían acabado la carrera, Chano era ginecólogo y Pepe fue un reconocido Catedrático de Derecho.

Pepe Lois era conocido en la familia como Pepe el sabio, porque lo era. En su día montó, él solo, el mayor telescopio de España en Santiago de Compostela.  .

Hermenegildo Fernández Orge. Hermano de mamá Clotilde.

¿A quién le sacáis parecido?

 

 

Rama papá José.

Nuestro bisabuelo.

 

 José Estévez Méndez, fue farmacéutico. Este bisabuelo nuestro (cuando digo nuestro me refiero a los once Estévez Díez; nuestros descendientes tendréis que calcular el grado de parentesco), tiene una historia ejemplo de tesón y perseverancia.

Habiendo nacido en Creciente (Pontevedra), estudió en el seminario de Melón. Antes de ser ordenado sacerdote debió darse cuenta que eso no era para él y dejó el seminario.  Supongo que serían tiempos difíciles y había que buscarse un trabajo  y en esta búsqueda fue a parar a la farmacia de El Puente, en Pontevedra, propiedad de D. Antonio María Fernández,  nuestro tatarabuelo.

Nada más llegar debió salirle “ese mujeriego que todos los Estévez llevan dentro” (según nuestro padre), y se enamoró de Rosa, ¡la hija del patrón! Ante tal atrevimiento, D. Antonio María,  que no se andaba con tonterías, cogió la tranca de la puerta y enseñándosela le dijo que la rompería en sus costillas si seguía cortejando a su hija siendo un don nadie.

A José no le hizo falta más. Se subió a una mula y acompañando a unos maragatos que hacían el trayecto, se presentó en Madrid. Esto ocurría en el año 1835, en plena guerra carlista (primera). Al llegar a la capital de España, vendió la mula y con lo que le dieron por ella tuvo para estudiar la carrera de farmacia y mantenerse hasta finalizar. Título en mano, incluido doctorado, se presentó a su antiguo patrón quien ya no tuvo inconveniente en que se casara con su hija Rosa Fernández Feijoo. Tuvieron cuatro hijos: José (papá José), Joaquina (madre de mi madrina, tía Rosa), Ventura y Antonio.

Ventura, que también fue farmacéutico, se fue a Buenos Aires donde vivió siempre. Tuvo solo una hija, Margarita.. Las dos hijas de ésta supongo vivirán allí.

Antonio marchó  a Cuba y vivió allí muchos años sin dar señales de vida. Cuando nuestro tío Rafael hizo su primer viaje de trabajo (era médico en un barco), papá José le encargó que buscara a su hermano. Dio con él y en el siguiente viaje lo trajo a Puente caldelas, quedándose a vivir con toda la familia en El Molino. Debió resultarle duro el cambio después de vivir en un sitio con tanta luz y buen tiempo. Nos contaba mi padre que un  día, viendo llover tras la ventana, comentó a las sobrinas: “chicas, si el mundo tiene culo… ¡esto es el culo del mundo!

 

Otro dato de nuestro bisabuelo José Estévez Méndez, farmacéutico, es que fue el primer Doctor en Farmacia de la provincia de Pontevedra. Hecho sin importancia porque antes no existía el doctorado. Heredó de su suegro la farmacia de El Puente. Esta farmacia estaba destinada para nuestro padre pero él eligió establecerse en Madrid.

 

 

El primer clan

Pensamiento:

No es lo mismo reaccionar que responder.

 

El primer clan Estévez

Papá José y mamá Clotilde.

 

 

Papá  José (Pontevedra, 1850)  Mamá Clotilde (Pontecaldelas, 1864)

Estas fotografías de papá José y mamá Clotilde siempre han estado presidiendo el cuarto de estar de nuestros padres.

Con ellos empezó el Clan Estévez. Una familia que fue creciendo y creciendo…

Aún teniendo conocimientos familiares muy anteriores a ellos, como ireis viendo, vamos a partir de nuestros abuelos porque el Clan de los Estévez comenzó en Pontecaldelas el 18 de abril de 1887, fecha en la que contrajeron matrimonio.

 

 Nuestro abuelo.

José Estévez Fernández, papá José,  nació en Pontevedra el 19 de marzo de 1850. Hijo de José Estévez Méndez, farmacéutico y de Rosa Fernández Feijoo. Estudió la carrera de medicina en Santiago de Compostela y Madrid.

Papá José y su familia vivían en Pontevedra. Tuvo varios destinos como médico hasta que llegó a Pontecaldelas, donde conoció a una jovencita 14 años menor que él. Se casaron en 1887 y allí se quedó para siempre. Siempre ejerció de médico y por muchos años de alcalde.

Nuestra abuela

Mamá Clotilde, (Antonia Aurelia Caridad Clotilde Julia), hija de Gregorio Fernández Antón y Gumersinda Peregrina Orge Portela, fue la mayor de 8 hermanos. No se sabe con certeza el día de su nacimiento, aunque dada la costumbre de poner como nombre el santo del día, suponemos que nació el tres de junio de 1864, día de santa Clotilde.

Casose, como dicen los gallegos, con 21 años, en la capilla de la Sagrada Familia, oficiando la ceremonia su tío materno, D. Marcial Orge Portela.  Se quedaron a vivir con su madre hasta 1895, año en el que inauguraron El Molino, esa casa familiar tan maravillosa que todos hemos conocido. A la  fiesta de inauguración acudió “la flor y nata” de Pontecaldelas y Pontevedra. El acontecimiento seguro que saldría en los periódicos de la época.

Aquí vemos una mamá Clotilde jovencísima. No sé vosotros pero yo veo gran parecido con Paloma e Ingrid.

 

Primera foto. El Molino, recién terminado 1895. La fachada cambió con el tiempo. Todos la recordamos con baldosines verdes oscuros. Aún no está el jardín hecho. Falta la palmera!!

En la segunda foto podemos ya apreciar la palmera que plantó mamá Clotilde y que ha sido testigo de todas las vivencias de los Estévez.

Comienza la historia.

El texto entrecomillado está copiado de la tarjeta conmemoración encuentro Estévez del 2005.

 

“La familia.

“Esta historia empieza en el año 1887 cuando en la villa de Pontecaldelas, el 18 de “abril, contrajeron matrimonio don José Estévez Fernández (natural de Pontevedra y “destinado allí   como médico) y doña Clotilde Fernández Orge. Él era catorce años “mayor que ella y la había conocido siendo casi una niña. La esperó.  Al año de la boda “se inició la formación de la familia, con el nacimiento de Pepito, le siguió la primera “Elisita, que murió cuando tenía cinco o seis años, y luego fueron llegando Lucila, “Gregorio, Rafael, Elisa (a la que todos conocemos como Nenuxa), Marcial, Maruja, “Antonio, Fe, Carmela y Teresa (muerta a los ocho días de nacer).  Empezaron su vida “en la casa de la abuela Gumersinda, que sería siempre “la casa de allá”, situada donde “hoy está el Hotel “Las Colonias”.

“El 10 de mayo de 1921, cuando contaba 57 años de edad, murió la abuela, mamá “Clotilde, tan pronto que solo llegó a conocer a la mayor de los nietos, Palmira, hija de “Nenuxa, que tenía siete meses. A papá José, sin embargo, fueron bastantes los que le “conocieron pues, a pesar de la diferencia de edad, sobrevivió a su mujer veinte años: “murió el 28 de octubre de 1941 con 91 años. Todos los que tuvieron esa suerte lo “recuerdan con mucho cariño.

“Poco a poco, los hijos y las hijas, excepto Maruja y Fe, fundaron sus propias familias. “Las mujeres y también Marcial, encontraron a sus parejas en Puente Caldelas. Los “demás varones se fueron más lejos y casaron con 2 andaluzas (una de ellas mi “madre), 1 brasileña y 1 cubana. La familia aumentaba, aumentaba, hasta llegar a un “total de cuarenta y cuatro nietos, que a su vez contribuyeron a formar una gran tribu “de 109 bisnietos y 110 tataranietos, que no se han limitado a vivir en Puente Caldelas, “ni siquiera en la provincia, ni siquiera en Galicia: hay miembros que han nacido y “viven en Brasil, en Alemania, en los Estados Unidos, etc. Etc. ¿Podrían haberlo “sospechado aquellos dos contrayentes de 1887? (Datos del 2005).

INVITACION DE MAMA CLOTILDE

Nuestra  prima Engracia Vidal Estévez, conserva una tarjeta de invitación que envió mamá Clotilde a sus amistades con motivo de la inauguración. Era una joven de 31 años. Me gusta pensar cuanto disfrutaría mi abuela con el estreno de su casa, siendo tan joven y con una familia tan grande ya. Me la imagino preparando la fiesta, cuidando todos los detalles, sintiéndose orgullosa de su nuevo hogar. Estaría flamante, con su traje nuevo. A pesar de que en todas las fotos que existen de ella se la ve seria, yo se que era una mujer alegre, activa, emprendedora y muy cariñosa. Así que estoy segura que ese día fue un éxito, mamá Clotilde brilló y una vez más inundó con su energía el hogar de los Estévez.

Papá José, mi abuelo, llegaría tarde de visitar a algún enfermo, pero iría con la seguridad de que todo estaba perfecto. Conocía muy bien a su mujer y confiaba en ella. Sabía que era capaz de arreglárselas sola en las circunstancias más difíciles haciéndolas fáciles.

Mamá Clotilde  una mujer de espíritu inquieto, creativa, trabajadora, emprendedora y culta (se carteaba con los políticos de la época). Hay que tener en cuenta que esto acontecía a finales del siglo XIX, y que gracias a su iniciativa llegó la luz a Pontecaldelas, gestionando ella la hidroeléctrica. Llevaba el molino del pueblo, la tabacalera, el aserradero y su casa con diez hijos. Lástima que muriera tan joven, a los 56 años. Mi padre contaba que había ido a Pontevedra, cosa que hacía  con frecuencia pues solo estaba a 17 kilómetros, (hoy a 15).  Al regreso comentó que le dolía la cabeza y se acostó. La encontraron muerta. Un derrame cerebral. Papá José la sobrevivió 20 años.

 

Esta fotografía está hecha en enero de 1916, en el comedor de El Molino. Los pequeños posan con su regalo de Reyes. Nuestro padre vestido de explorador y un libro de cuentos en la mano. Carmela y Fé con sus muñequitos. El de Fé es más grande porque los Reyes habían llegado a casa de unos tíos con los que pasaba largas temporadas

Empezando por la izquierda: Lucila Blanca Felicidad (1891-1990),  Marcial Mario (1899-1974), José Gregorio( Pepito 1888) Rafael Víctor (1895-1976), Elisa Natividad ( Nenuxia 1896-1964)y Gregorio Joaquín Telmo (1893-1991). Abajo: Antonio Bernardo (1903-1984), María del Carmen (Carmela 1908-1991) con mamá Clotilde, Fe Esperanza Caridad (1906-1993) con papá José y María Clotilde (Maruja 1901-1987).

Diez hijos y habían fallecido dos, Elisa Aurea (1889-1894)  y Mª Concepción Teresa de Jesús (1910-1910).

Se aprecia muy bien la vitrina del comedor con la vajilla y en el ángulo de la derecha, parte de la mesa de los pequeños.

También se ve estupendamente el suelo de castaño ¡que aún dura!

Tío Pepito en esta foto ya tenía  27 años, es decir, que llevaba muchos años fuera de casa. Era Registrador de la Propiedad desde los 21 años, no pudiendo tomar posesión de la plaza hasta que cumplió los  23,  edad mínima exigida. Esos dos años estuvo ejerciendo de Juez, pues también era Juez.

Además de portento intelectual, como habréis visto, era una persona responsable y amante de su familia. Siempre ayudó económicamente a todos. A nuestro padre le pagó la carrera, incluida la estancia en Madrid, y según nos contó, su hermano era tan esplendido que vivió como un marajá. Y después le dio el dinero para montar la farmacia.